ECLIPSES DE SOL Y LUNA

Son un fenómeno celeste espectacular y este año podremos observar cuatro: uno de sol, dos de Luna y uno mixto. Rodeados de un halo de misterio, han ejercido un poder casi mágico sobre el ser humano. Quizá porque le recuerdan su lugar en el Universo.

POR MARTA RODRÍGUEZ

2023-01-01T08:00:00.0000000Z

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Editorial Televisa

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ECLIPSES

Sin duda, hablar del Sol y la Luna es aludir a los polos opuestos de la vida (noche y día, negro y blanco, oscuridad y resplandor...), de la dualidad que todo tiene en este mundo, del yin y del yang, de lo femenino y lo masculino, de la mente humana, de la luz y las sombras. Ella brilla en las tinieblas junto a las estrellas mientras que él lo hace solo, apagando cualquier otro fulgor desde que llega la aurora hasta que cae la tarde anunciando el crepúsculo. No obstante, cada cierto tiempo algo intercepta sus andanzas estelares y los oculta dejándonos durante unos minutos, a veces horas, totalmente a oscuras, a ciegas, sin nada que nos alumbre el camino. Este fenómeno se llama eclipse. En el caso lunar, no es otra cosa que la propia Tierra al interponerse entre el Sol y la Luna, o ésta misma, si se trata de un eclipse solar, intercalándose entre la Tierra y el Sol. Un eclipse es, pues, la ocultación temporal de un astro por la interposición de otro. Ocurre al alinearse al menos tres de ellos en un mismo plano. Aquí nos interesan los del sistema Sol-TierraLuna, causados por la rotación del planeta alrededor del Sol y la vuelta de la Luna en torno a la Tierra, cuando el trío se encuentra en línea, como si jugaran al ‘gato’. El Sol es alrededor de 400 veces más grande que la Luna, pero está unas 400 veces más lejos de nuestro planeta. Por este motivo, el tamaño de ambos parece similar desde la Tierra y el diámetro de la Luna llega a ser lo suficientemente grande como para ocultar al del Sol. Antes de seguir, cabe aclarar que la elíptica es el plano que contiene la órbita de la Tierra alrededor del Sol, y también es la línea aparentemente recorrida por el Sol a lo largo de un año respecto del fondo inmóvil de las estrellas. Las órbitas de la mayor parte de los planetas del sistema solar están contenidas en la elíptica o muy próximas a ella (excepto Plutón). Así, desde la Antigüedad, se llama elíptica a la línea del cielo en la que tienen lugar los eclipses y que coincide con el plano en el que discurre la órbita de la Tierra en el espacio. Este plano no coincide exactamente con las órbitas de la Luna y del Sol y ésa es la razón por la cual no tienen lugar muchos más eclipses durante el año. UN EVENTO MARAVILLOSO La observación de un eclipse de Sol o de Luna (especialmente si es total) es uno de los espectáculos más grandiosos que la naturaleza nos ofrece. Un evento fascinante que, a la vez, suele ir acompañado de misterio, leyenda y superstición. Es lógico que antiguamente se sintiera cuando menos respeto ante la oscuridad producida por un eclipse de Sol que trae la noche en pleno día o temor ante el extraño y tenue resplandor rojizo que luce la Luna en sus eclipses. En muchos lugares pensaban que afectaban a las mujeres embarazadas, al provocar abortos o nacimientos de bebés con malformaciones, manchas u otros problemas que podían llevarlos a enfermar de por vida e incluso a morir. En el siglo IV a.C., gracias a la sombra curvada que la Tierra proyecta sobre la Luna durante los eclipses, Aristóteles concluyó que nuestro planeta era esférico. Y uno de los sucesos más conocidos acontecidos bajo su influjo es el que hubo tras la crucifixión de Cristo: justo cuando expiraba, el cielo se oscureció en pleno día. El terremoto que asoló Irán en septiembre de 1978 se produjo tres horas antes de un eclipse total de Luna. En enero de 1991 otro eclipse confluyó con la primera guerra del Golfo Pérsico y el eclipse solar del 8 de abril de 2005 tuvo lugar pocos días después de que muriese el papa Juan Pablo II. Aunque ya no creamos en sus mágicos poderes, la luz del Sol y de la Luna, y las tinieblas en las que nos sumergen cuando desaparecen misteriosamente, influyen siempre de un modo u otro (física o psíquicamente) sobre animales, plantas y seres humanos. Lo cierto es que cuando un eclipse se encuentra en conjunción o forma fuertes disonancias con planetas negativos (Saturno, Marte, Urano, Plutón…) sus consecuencias son claramente negativas y no tardan en hacerse evidentes. LOS SOLARES Como dijimos, suceden al interponerse la Luna entre la Tierra y el Sol, proyectando su sombra sobre el planeta, pero sólo cuando la línea de nodos apunta a aquél y la Luna atraviesa la eclíptica por el nodo que está frente a la Tierra. Un eclipse de Sol se produce cuando la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra y, por lo tanto, siempre ocurren en fase de Luna Nueva. Pero la órbita de la Luna está inclinada con respecto al plano por el que la Tierra se desplaza alrededor del Sol, motivo por el cual no tenemos eclipses de Sol cada vez que hay Luna Nueva, sino sólo cuando, además, la Luna, Tierra y Sol están alineados. Al igual que los eclipses lunares suelen presentarse dos o tres veces al año. Aunque también hay años en los que no ocurre ninguna vez. Pueden ser totales, si se oscurece todo el disco solar; parciales, si sólo se oculta una porción; y anulares, cuando el círculo lunar queda inmerso en el del Sol y rodeado de un brillante anillo. Como la Luna gira alrededor de la Tierra y ésta también rota, la sombra del satélite traza un camino curvo sobre el planeta y la sombra lunar que nos llega es tan pequeña que los eclipses solares sólo pueden observarse desde determinados lugares en un instante concreto, a pesar de su mayor frecuencia sobre los lunares. Lo normal es que los eclipses totales de Luna se prolonguen incluso hasta algo más de tres horas, en tanto que los de Sol sólo duran unos pocos minutos. Lo que vemos al principio, cerca de una hora antes de que el fenómeno culmine, es que la Luna empieza a moverse a través del disco solar mientras el Sol va perdiendo de modo gradual algo de su brillo hasta llegar a oscurecerse del todo, dejando una luz residual causada sobre todo por su corona, que se hace visible al estrecharse paulatinamente la superficie solar. Por eso, lo espectacular y estremecedor de un eclipse total de Sol es que el cielo se hace tan oscuro como el de una noche de plenilunio e incluso brillan algunas estrellas, aunque sea de día. LOS LUNARES Son menos frecuentes en proporción que los solares. A diferencia de éstos, que pueden verse sólo en la mitad iluminada de la Tierra, los lunares pueden apreciarse a la vez en todo el hemisferio donde es de noche, pero sólo en plenilunio, como sabemos, y al interponerse la Tierra entre Sol y Luna, estando los tres alineados y quedando ésta dentro del cono de sombra de aquélla. Cerca de una hora antes de que el fenómeno culmine, vemos cómo la Luna se mueve a través del disco solar mientras el Sol va perdiendo de modo gradual algo de su brillo hasta llegar a oscurecerse del todo, dejando una luz residual causada sobre todo por su corona, que se hace visible al estrecharse paulatinamente la superficie solar. La atmósfera de la Tierra influye, asimismo, en el aspecto que la Luna muestra durante su eclipse total y provoca que el satélite, al estar dentro del cono de sombra terrestre, tome un característico tono rojo más o menos intenso, según sean las condiciones meteorológicas. Básicamente, hay tres tipos de eclipses lunares: • TOTAL: Ocurre cuando la Luna, en su rotación alrededor de la Tierra, entra totalmente dentro de la zona de sombra terrestre al pasar por el nodo que se halla tras el planeta y la línea de nodos que señala al Sol. El satélite no suele desaparecer en su totalidad, sino que adquiere una tonalidad rojiza que nos permite seguir contemplándola y disfrutar de ese momento. • PARCIAL: Se forma cuando la Luna entra parcialmente dentro de la zona de penumbra y un sector del disco se vuelve más oscuro que el resto. Parece como si a la Luna le faltara un trozo. • PENUMBRA: Es el menos espectacular. De hecho, a menudo pasa inadvertido. La Luna sólo se oscurece levemente al cruzar la zona de penumbra sin entrar de pleno en ella. Observar un eclipse lunar parcial, penumbral o total es todo un espectáculo que en cualquier caso no encierra peligro alguno pues, a la Luna, tildada de engañosa y caprichosa por tantos poetas, sí podemos mirarla directamente a la cara, en contra de lo que ocurre con el Sol.

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