“NUNCA FUI ALCOHÓLICO, PERO BEBÍ UNA BESTIALIDAD”

Envuelto en la paz emocional de los 60, Miguel Pizarro enumera los excesos que casi acaban con su vida

2023-01-23T08:00:00.0000000Z

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Editorial Televisa

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ESPECIAL

Conversar con Miguel Pizarro ¡es una gozadera! Más de 30 años de trayectoria artística, mucha fiesta (alcohol, básicamente), tres autos destruidos y hoy, a sus 62 años, inmerso en una paz emocional que le permite ser y estar en cada una de las partes que componen “su país”, su vida. “pAsÉ 13 Años En EspAñA” ¿Qué veías en aquellos años, finales de los 80, acerca de tu carrera? ¿Qué pensabas iba a pasar? Era una moneda lanzada al aire. No sabía qué iba a ocurrir, pero me encantaba el esfuerzo invertido para alcanzar ese sueño, valía la pena por muchas cosas. Yo venía de un centro de capacitación: Agrupación de Iniciadores de la Televisión Mexicana. De ahí salieron Laura Luz, Alejandra Ávalos, Jorge Muñiz… y donde yo sí eché toda la carne al asador. Vino Valores juveniles, la canción del Mundial México 86, el programa Siempre en Domingo. Y, de pronto, ¡sorpresa! Me buacaban porque ya tenían montado todo: llegué a la escuela y el recibimiento fue casi con alfombra roja: “Maestro no sé qué”, y yo era un chamaco. ¿de qué se trataba? Era un grupo de chiquillos llamado Arco Iris, se había formado para este concurso. Pusieron mi canción, con mi voz, en la escuela de Milton Gio… Gustó mucho, tuvo muy fuerte repercusión. Estamos hablando de la canción que representaría a México en el Mundial. ¿De cuántas regalías estabas hablando? Quién sabe, No tengo ni la menor idea, pero yo era una blanca paloma no sabía nada… Ese mismo año vino Valores Juveniles, donde me quedé con un tema propio que llamaron techno-tropical, porque todavía el rap no existía y era una canción rap en realidad… Pasaba siempre que no sabían qué hacer conmigo, porque llegaba muy revolucionado. Pasé 13 años en España, todo mi acervo, en ese sentido, era europeo y vanguardista. ¿por qué viviste tanto en España? Porque mi papá era marino mercante; me fui de nueve y regresé de 20… Me tocó Franco, la investidura de Juan Carlos Rey de España, las primeras elecciones... No nací para ser inmigrante; me encariño mucho con mi entorno y echo raíces… Aprendí que el sitio, el verdadero sitio, eres tú mismo y va contigo. Y allá donde vayas, va ese país, llamado tú. En ese país llamado tú, ¿cuál es la parte que más te gusta? La autenticidad, el permitirte ser y soñar, y que de alguna manera te hablas con claridad y tienes como bandera que te enteres bien de esta película llamada vida y sea un compromiso que veas claro. Tenemos el compromiso de no ensuciar más la mirada y dejar tu retrovisor muy limpio para ver lo más claro posible. “VIVÍ UNA ÉPOCA DE DESENFRENO Y LOCURA” En este tiempo de carrera, ¿no te has agotado? ¿Cuándo cobraste conciencia de que querías seguir en esto? No me imagino de otra manera, siempre he estado vinculado a lo creativo. Siempre estoy con una capacidad inventiva en cualquier hemisferio en el que me pongas: escribir, pintar, esculpir, actuar... Ahí es donde yo funciono y donde encontré mi lugar; a veces mi cerebro está en el hemisferio del ejecutivo, del artista, del contador, del tesorero de tu vida... Tengo 62 años y puedo dame el lujo de tener la humildad para aprender, recibir órdenes y dejar… Algo que me encanta en esta etapa de mi vida es que mi ego lo he dejado muy desprendido, y con ello entendí que aprendes mucho más. ¿Tuviste alguna época de reventón? Sí, sí; pero mustio. Eso sí, me eché tres coches, pérdida total. Hubo una época de desenfreno y locura, pero no en el asunto de las drogas, sino con el alcohol… Rayé el alcoholismo; nunca fui diagnosticado como tal, pero bebí muchísimo. Me tardé en beber; pero cuando le entré, le entré en serio, bebía una bestialidad. ¿Te afectó en la chamba? Nunca mezclé el trabajo con el alcohol; bebía en mis días libres. Eso sí, luego ya empezaba a llegar crudo al trabajo cuando hicimos La mujer del año, en el Teatro Insurgentes: los reventones eran tan así que, si no termina la obra, la obra termina con nosotros; nos volvimos muy reventados. Un día, Vero Castro nos dijo: “¿Quieren pasar al camerino y tal?”, y empezamos con unas copichuelas, se empezó a relajar todo el mundo. Fue una noche mágica: Ernesto Godoy, Roberto Blandón, Carlos Gastélum, un servidor y, por supuesto, Vero. Abrimos nuestros corazones y todos contamos cosas muy particular es; esa fue la mecha que prendió todo… Nos íbamos a diferentes restaurantes y rematábamos en l afamo sí sima Medusas .¡ Salí amos todos hasta las castañas!

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