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National Geographic (México) - 2021-06-01

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La popularidad en la conservación

Explora | Reflexiones

POR CHRISTINE DELL’AMORE JOEL SARTORE FOTOGRAFIÓ ESTE ESCARABAJO ENTERRADOR AMERICANO EN EL INSECTARIO DE BAYER DEL ZOOLÓGICO DE SAINT LOUIS, MISURI.

MIRA EL ESCARABAJO enterrador americano, alias escarabajo carroñero (izq.). El buitre de los insectos solía escabullirse en enjambre por 35 estados de Estados Unidos en busca de todo tipo de cadáveres. Hoy está en peligro crítico, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. La pérdida de hábitat, los pesticidas y la contaminación lumínica pueden ser algunos de los factores por los que ahora se limita a cuatro poblaciones dispersas. Igual que el tigre, el escarabajo enterrador tiene rayas naranjas y negras; y al igual que las poblaciones del tigre, las del escarabajo están en declive. El tigre es un símbolo reconocible de la conservación de especies, pero la mayoría no conoce al escarabajo. Esta disparidad es un ejemplo de la predominancia de las especies bandera, es decir, criaturas carismáticas que organizaciones sin fines de lucro, agencias gubernamentales y otros grupos emplean para fomentar con insistencia el interés del público en la conservación de la fauna. Los representantes solo son tres órdenes de mamíferos: primates, depredadores y ungulados. En buena medida, porque a los humanos les atraen los animales grandes con ojos frontales y rasgos antropomorfos. Para Hugh Possingham, director científico del gobierno de Queensland, Australia: “Es difícil ver a una planta a los ojos”. Siempre me he centrado en las especies olvidadas, pero no muchos comparten mi opinión. Buena parte del financiamiento para las organizaciones protectoras de animales sin fines de lucro se destina a las llamadas “celebridades”, como simios, elefantes, grandes felinos, rinocerontes y pandas. Los tigres suelen ser los más populares. India, hogar de la mayoría de los grandes felinos, invirtió más de 49 millones de dólares para su conservación en 2019. Está muy bien, pero no es suficiente. Especies menos conocidas como peces, reptiles, anfibios y aves perecen en el anonimato. Del cocodrilo filipino quedan 100 ejemplares; el tiburón ángel, que habitaba toda Europa, ahora está extinto en el mar del Norte. Plantas e invertebrados son aún menos populares. En América del Norte se extingue la ostra perlífera de agua dulce. En todo el mundo, más de 35 500 plantas y animales están a punto de desaparecer. Nos enfrentamos a un dilema. No hay suficiente financiamiento para preservar especies en peligro; el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos y otras agencias federales reciben menos de una cuarta parte de los recursos que se necesitan para proteger a las especies amenazadas. El caso de la filantropía privada es el mismo: en Estados Unidos, apenas 3% de los recursos destinados a la beneficencia en 2019 se asignó a animales y medio ambiente. Con recursos limitados, ¿cómo decidimos qué especies salvar? La respuesta, parafraseando, es compleja. Depende de la probabilidad de supervivencia de determinada especie, cómo contribuye a nuestra economía (como el salmón del Atlántico), las preferencias de quienes toman las decisiones y, muchas veces, de la política. Una posible solución es el triaje, un proceso mediante el cual expertos seleccionan las especies con mayor probabilidad de supervivencia. En los años ochenta, cuando las cifras del cóndor de California disminuyeron radicalmente y se tenía registro de 22 ejemplares libres, se debatió si invertir para criarlos en cautiverio o no hacer nada. Ganó la cría, y ahora hay más de 500 cóndores silvestres en California, Utah, Arizona y el norte de México. LEAH GERBER, CIENTÍFICA conservacionista de la Universidad de Arizona, afirma que tomar decisiones conservacionistas desinformadas o a la medida puede generar una pésima distribución de los recursos. El Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos ha invertido más de cuatro millones de dólares al año para aumentar las poblaciones del búho moteado, endémico de los bosques primigenios del Pacífico Noroeste. Gerber asegura que se considera un “fracaso costoso”, porque pese a la inversión, la población no aumenta. El cactus con flor en el ápice, endémico de Texas, solo recibe fondos estatales de 140000 dólares; Gerber asegura que se podría recuperar con una inversión de unos 10 000 más. Por eso, ella y otros conservacionistas desarrollaron herramientas analíticas para abordar el tema de modo más práctico, menos emocional. El Servicio de Pesca y Vida Silvestre utiliza el método de la mochila –inspirado en las necesidades de los alpinistas que acomodan sus pertenencias más valiosas en un espacio reducido– para obtener “más valor por su dinero” al momento de salvar a las especies, cuenta Gerber. El algoritmo del método calcula las estrategias de conservación más eficientes con factores como costos para recuperarlas y las probabilidades de extinción. Possingham desarrolló un modelo similar que emplean los gobiernos de Australia y Nueva Zelanda denominado Protocolo para Priorizar Proyectos. Limita la presión y la controversia al elegir qué especies rescatar con base en la rentabilidad. “Es como cuando eliges tus compras: recurres al sentido común”. Otro enfoque es priorizar las especies en peligro a partir de su singularidad. Las especies EDGE (evolutivamente distintas y en peligro de extinción global) son plantas y animales con pocos parientes cercanos que representan, por cuenta propia, toda una rama de historia evolutiva. Perder especies EDGE como el aye-aye, endémico de Madagascar, el numbar de Australia, el picozapato de África o la salamandra gigante china podría eliminar “una fuente extraordinaria de beneficios del árbol de la vida que no hemos explorado”, afirma Nisha Owen de On the EDGE Conservation, organización sin fines de lucro de Reino Unido. Por ejemplo, el ajolote, salamandra nativa de México y en estado crítico de extinción, tiene propiedades regenerativas que podrían significar adelantos para la medicina humana, asegura. Para Owen, el modelo de conservación de triaje plantea a qué renunciar mientras que el modelo EDGE es más optimista, pregunta en qué nos vamos a centrar. Además, califica a las especies a partir de sus características evolutivas y peligro de extinción, y prioriza aquellas con calificaciones más altas. Owen comenta que, hoy día, 90 % de las especies de mayor prioridad necesitan más esfuerzos de conservación. PARA ALGUNOS, LA CONSERVACIÓN debería centrarse en ecosistemas completos y no en especies individuales. Otros abogan por el método del paraguas, es decir, si especies pequeñas viven en el hábitat de las célebres, su protección está garantizada. Pero solo funciona en ciertos casos, como el del panda. Stuart Primm, conservacionista de la Universidad de Duke, explica que China ha destinado tantos recursos a su icono nacional que ha protegido, aunque de manera parcial, muchas de las aves y mamíferos endémicos de los bosques donde habita el panda, como el faisán de Amherst y el langur chato dorado en peligro de extinción. Por otra parte, la rana púrpura, en peligro de extinción y endémica de las Ghats occidentales, en India –hogar del tigre de Bengala–, no se ha beneficiado de la enorme inversión en el hábitat del felino, comenta Owen. Esto debido a que, para prosperar, la rana morada tiene necesidades muy distintas a las del tigre: tierra con arroyos de flujo rápido y sin carreteras. Primm también advierte que, incluso los métodos que se trabajan con cuidado y son supuestamente racionales, tienen fallas y pueden servir de “pretexto para no tomar decisiones tajantes”. Argumenta que basarse solo en cifras podría dar el visto bueno a las agencias gubernamentales para permitir que ciertas especies desaparezcan o incluso brindar una razón científica para tomar una decisión política. SOSPECHO QUE LA MAYORÍA de los defensores de animales coincidimos en que el carisma está en los ojos de quien lo mira. En tal caso, ¿podríamos ampliar la lista de animales atractivos e incluso hermosos? Bob Smith, conservacionista de la Universidad de Kent, asegura que sí, y existe un concepto para ello: especies Cenicienta. Se trata de animales amenazados que, según las búsquedas en internet, son muy populares con el público, aunque se les pasa por alto. Tal es el caso del tamarao, el asno africano, el mapache pigmeo y muchos más. Smith está convencido de que “las especies menos populares y atractivas pueden ser bandera de la conservación si se les destina más mercadotecnia”. En un estudio reciente, Smith le puso fin a otro mito en torno a los animales simbólicos de la conservación: que no ayudan a promover los hábitats del mundo abundantes en diversidad de fauna y en peligro de perecer. Creó un modelo de priorización que demostró que los focos de conservación más importantes del planeta también son el hogar para más de 500 especies insignes, así como mamíferos, aves y reptiles Cenicienta, y que hacerlos notar más podría aumentar el financiamiento y las campañas públicas para la protección de estos hábitats. Que quede claro: está bien abogar por los tigres y los pandas. “El motivo por el que me dedico a la conservación es por esas especies. Y está bien. Pero como conservacionistas, nuestra labor es inspirar a la gente a enamorarse también de las otras especies”. Christine Dell’Amore, editora y redactora de National Geographic, se especializa en fauna y se describe como amante de los animales que no reciben el amor y reconocimiento que merecen.

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