Escenas de la historia

Tras varios intentos fallidos para erigir la Columna de la Independencia, el 2 de enero de 1902 se inició por fin la construcción del monumento más emblemático de la Ciudad de México.

Por Luis Felipe Brice

2023-01-01T08:00:00.0000000Z

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Editorial Televisa

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ESCENAS

Festejamos el nacimiento del Ángel y la columna de la Independencia. Un día después de celebrar el Año Nuevo de 1902, en la capital de México seguían los festejos. El motivo era la colocación de la primera piedra de la Columna de la Independencia por parte del presidente Porfirio Díaz. Fue por ello que, aquella gélida mañana del 2 de enero, miembros de la élite mexicana y extranjera se reunieron en una de las glorietas de Paseo de la Reforma para atestiguar el acto con el cual daría inicio la construcción del monumento dedicado los próceres independentistas. Según la crónica de El Tiempo, “lo más conmovedor de la ceremonia fue el momento en que el general Porfirio Díaz, con la cucharilla de plata que le fue entregada, regó la mezcla sobre la cual debía quedar colocada la piedra”. Se trataba de una pieza de cantera, esmeradamente pulimentada, en cuyo interior se colocó —a manera de cápsula del tiempo— un cofre dentro del cual se introdujeron: “El acta respectiva, escrita en pergamino y pomposamente suscrita por los asistentes […] junto con una colección de 30 monedas mexicanas del cuño de 1901; un ejemplar de los periódicos El Imparcial, El Tiempo, El Mundo y The Mexican Herald, y una lira peruana que depositó el ministro de Perú”, describe la historiadora Alicia Sánchez Mejorada de Gil. Para los oradores se instaló una tribuna desde la que Miguel Macedo, entonces subsecretario de Gobernación, pronunció un discurso oficial; el arquitecto Antonio Rivas Mercado, responsable de la obra, presentó su informe del proyecto y Salvador Díaz Mirón declamó su poema “A Hidalgo”. Aparte se levantaron toldos, bajo uno de los cuales se dispuso un buffet que ofreció un champagne lunch para deleite de los distinguidos invitados, a quienes además se les obsequiaron elegantes tarjetas conmemorativas y folletos con imágenes e información del proyecto. El programa musical para amenizar la celebración estuvo a cargo de la Banda Militar de Artillería, que interpretó el Himno Nacional mexicano y varias melodías de la época. Y para cerrar con broche de oro, el Primer Batallón de Artillería honró el acto con la detonación de 21 cañonazos. Buenas intenciones Si bien la colocación de la primera piedra de la Columna de la Independencia en enero de 1902 fue la definitiva, no había sido la única. Ya el 16 de septiembre de 1843, con motivo del aniversario de la Independencia de México y por iniciativa del presidente Antonio López de Santa Anna, se emplazó la primera piedra de un monumento en homenaje a los héroes patrios cuyo proyecto había sido seleccionado entre varios de un concurso convocado por las autoridades. La obra se levantaría en la Plaza Mayor de la Ciudad de México, sobre un basamento o zócalo construido exprofeso y al cual se debe el nombre con el que popularmente se conoce a dicha explanada. Sin embargo, a causa de la inestabilidad política y la crisis económica del país, la obra no pasó del zócalo, encima del cual se instalarían primero un farol y luego una caja acústica. La idea de la construcción de la pretendida columna sería retomada en 1864 por Maximiliano, emperador de México, cuando se convocó un nuevo concurso para presentar los proyectos correspondientes. En esta ocasión fue la emperatriz Carlota, en nombre de su esposo, quien el 16 de septiembre de aquel año colocó la primera piedra del monumento que, de nuevo, se quedó en buenas intenciones debido a la caída del Segundo Imperio mexicano, ocurrida en 1867. El sueño imperial que sí se convirtió en realidad fue la construcción del Paseo del Emperador o Paseo de la Emperatriz, una gran avenida que conectaba a la capital del país con el Bosque y Castillo de Chapultepec, donde residían los monarcas. En 1877, tras el triunfo de la República, al arrancar el prolongado gobierno porfirista, su nombre cambiaría a Paseo de la Reforma y se construirían ahí cuatro glorietas destinadas a sendos monumentos patrios. Festejos y protestas No sería sino hasta 10 años después, en 1887, cuando autoridades porfiristas abrirían un nuevo certamen para la presentación de propuestas a fin de erigir la Columna de la Independencia. Sin embargo, ni la opción ganadora ni otras presentadas fuera de competencia por propios y extraños —como la del ingeniero militar Porfirio Díaz Jr., quien proponía la construcción de un arco del triunfo denominado Apoteosis de la Independencia Mexicana— se llevaron a cabo. Por fin, en 1900, se decidió otorgarle la dirección general de la magna obra al talentoso arquitecto mexicano Antonio Rivas Mercado, quien había estudiado en la Escuela de Bellas Artes de París y había adquirido gran prestigio en México por sus trabajos de construcción y remodelación de edificaciones públicas y privadas. Para la realización del proyecto, Rivas Mercado se basó en varios aspectos de las propuestas anteriores, adaptándolas conforme a los lineamientos básicos oficiales: construir un monumento que honraría la memoria de los héroes de la Independencia y que habría de consistir en una columna conmemorativa erigida en la cuarta glorieta del Paseo de la Reforma. Un año después arrancaron los trabajos de cimentación que permitieron al presidente Díaz colocar la primera piedra en enero de 1902 y, ocho años más tarde, el 16 de septiembre de 1910, inaugurar la obra en conmemoración del Centenario de la Independencia de México. Así pues, tras una década de intensos trabajos, afrontando inconvenientes y desastres (como el desplome en 1906 de lo construido hasta entonces), el resultado fue una columna de estilo neoclásico de casi 50 metros de altura en cuya cima se posa una estatua en bronce cubierta de oro que representa a la Victoria alada, conocida popularmente como “el Ángel”. Al pie de la columna se observa un imponente conjunto escultórico conformado por las efigies de los próceres independentistas Miguel Hidalgo (destacadamente y acompañado de las representaciones clásicas de la Historia y la Patria), José María Morelos y Pavón, Vicente Guerrero, Francisco Javier Mina y Nicolás Bravo; las figuras alegóricas de la Paz, la Guerra, la Justicia y la Ley, así como las de la fuerza y la inteligencia simbolizadas en un león y un niño. Poco más de 120 años han transcurrido de aquella primera piedra colocada por don Porfirio para erigir el monumento que hoy no sólo es el principal emblema y punto turístico de la Ciudad de México, sino también el más importante escenario de festejos y protestas de todo el país.

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