Asunto de brujas

Goya reflejó el tema de la brujería en varias de sus obras y, dado su carácter ilustrado, lo usó para satirizar la sociedad de su época; al mismo tiempo, las dotó de un sentido misterioso y ambiguo.

Por Eva Domínguez Aguado

2023-01-01T08:00:00.0000000Z

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Editorial Televisa

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SALA DE ARTE

Emprendemos el vuelo con las brujas de Goya. El interés de Francisco de Goya (17461828) por la brujería nace cuando entra en contacto con Leandro Fernández de Moratín, quien escribió una crítica sobre el juicio de las brujas de Zugarramurdi: una pequeña localidad española donde 11 de sus habitantes fueron acusados de brujería y quemados. La visión de Moratín sobre los hechos –y sobre las brujas– ejerció una fuerte influencia en Goya, quien se esforzó por plasmar en sus cuadros y grabados una mirada hacia la brujería como herramienta para reflejar vulgaridades sociales y supersticiones perjudiciales, del mismo modo que usaba la sátira caricaturesca en sus Caprichos. En total, Goya realizó, por un lado, alrededor de una cuarta parte de los grabados de los Caprichos en torno al tema de la brujería; en ellos se expone la miseria de la credulidad y la ignorancia de la mente humana, tachándola de esclava del interés y el egoísmo. Por otro lado, también pintó seis cuadros sobre brujería para el gabinete de la duquesa de Osuna en su finca a las afueras de Madrid, entre los cuales se encuentra este que nos ocupa. Por último, dentro de sus Pinturas negras también se cuentan dos que aluden al tema: El aquelarre y Dos viejos comiendo sopa (pintadas entre 1819 y 1823). Lo cierto es que, aunque la idea de Goya con estas obras fuera la de dar visibilidad a una realidad social a través de la caricatura y la sátira a causa de la fuerza y la dureza de las mismas, lo que transmiten al espectador es cierto terror y pánico. Al vuelo La pintura la componen tres brujas en pleno vuelo con el torso desnudo, falda y capirote similar a los del Santo Oficio, que están iluminadas por un fuerte foco de luz proveniente de la izquierda. Estos personajes sostienen en sus brazos a un hombre desnudo al que le insuflan aire sobre el cuerpo, tal como revelan sus hinchadas mejillas (otra teoría afirma que se disponen a chupar su sangre cual vampiros). En la parte baja, dos hombres, vestidos de agricultores, han alcanzado la cumbre de la montaña y tratan de evadirse de la escena y escapar.

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