Una comunidad sin escrúpulos ni compasión

2023-01-01T08:00:00.0000000Z

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Editorial Televisa

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MUNDO ANIMAL

El ciclo de vida de una colonia de hormigas empieza cuando una futura reina madre abandona virgen el nido donde nació y creció y da inicio a su vuelo nupcial. En las horas o días siguientes tendrá lugar el lance más importante de toda su vida, cuando una hormiga macho de otra colonia, o varias a la vez y de forma consecutiva, la inseminen. A veces el apareamiento acontece en pleno vuelo, aunque también pueden ayuntar en el suelo o sobre la rama de un árbol. Previamente, los machos que se encuentran alrededor habrán detectado las feromonas sexuales que la reina ha lanzado al aire para que el viento las lleve hasta sus excitables antenas. Cuando el acto sexual es múltiple y la reina madre es inseminada por varios machos, llega a recibir hasta 300 millones de espermatozoides, pero no los utiliza todos a la vez y tampoco los desperdicia, sino que los almacena en un reservorio para ir extrayéndolos a lo largo de los siguientes 10 o 15 años, que es la edad que pasará procreando en el hormiguero. En ese tiempo puede llegar a alumbrar hasta 200 millones de obreras por sí misma. Guiada por su instinto, la reina busca un sitio que esté lo bastante alejado de hormigas extrañas y, cuando lo halla, excava una pequeña madriguera que será el punto de partida de la nueva colonia. A menudo, varias reinas inseminadas se reúnen en grupos y colaboran en la creación del nuevo nido, pero esta suerte de sororidad animal les dura poco: tan pronto nazca la primera nidada de obreras, estas se dedicarán a matar a todas las reinas a base de picotazos hasta que solamente quede viva una de ellas. En este matricidio selectivo ninguna de ellas va a ciegas, sino que actúan guiándose por las feromonas que emiten las monarcas. De esta manera seleccionan a la más fecunda y desechan a todas las demás, aunque en ocasiones se trate de sus propias madres. Tampoco son muy condescendientes con la enfermedad y la vejez. Cuando las hormigas se adentran en su última fase vital y están peor de salud, se dedican a las tareas más peligrosas, como servir de recolectoras o acudir a los combates. El mirmecólogo Edward O. Wilson establece una curiosa comparación con los humanos: mientras nosotros enviamos al frente de guerra a nuestros hombres más jóvenes, ellas envían a sus ancianas y protegen a las jóvenes. No es precisamente cálida ni acogedora la relación que las hormigas mantienen con la muerte. Si fallecen en el nido son abandonadas allí donde caen muertas hasta que sus restos se descomponen y a continuación son trasladados a un depósito del hormiguero que hace las veces de cementerio. Si sufren alguna herida de improbable cura fuera de la colonia, sus cuerpos son trasladados hasta el nido para que sean devorados por sus compañeras sin compasión. Y así un día y otro, y un año y el siguiente. Cuando el hormiguero alcanza un tamaño mediano, empiezan a nacer reinas vírgenes y machos que se dedicarán diseminarse e iniciar nuevas colonias.

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