SEXUA SECTAS SEXUALES

Por Janire Rámila

2023-01-01T08:00:00.0000000Z

2023-01-01T08:00:00.0000000Z

Editorial Televisa

https://editorialtelevisa.pressreader.com/article/281590949621256

CRIMINOLOGÍA

Estos sí son lavados de cerebro. Repasamos la historia de algunas sectas que han utilizado las relaciones carnales como un método para manipular a sus seguidores. Entre nosotros conviven diversos grupos que aseguran tener el remedio para cualquier mal que pueda afligirnos, ya sea físico, espiritual o financiero; pero, tras una máscara de normalidad, ocultan su auténtico rostro e intenciones: controlar a sus seguidores. Para lograrlo, el sexo ocupa un lugar esencial, siempre, eso sí, bajo las directrices marcadas por el líder. Tras seis semanas de juicio, el 19 de junio de 2019 la Corte Federal del Distrito de Brooklyn (Nueva York) declaró culpable a Keith Raniere de asociación delictiva, conspiración, tráfico sexual y posesión de pornografía infantil. Raniere era el líder de una secta denominada NXIVM, en la que sus adeptas eran forzadas a tener sexo con él, se les marcaba en la piel con herramientas para cauterizar heridas y, cuando quedaban embarazadas, eran obligadas a abortar. Para lograr su total obediencia, Raniere las sometía a técnicas de control mental, les proporcionaba pocos alimentos para vencer su resistencia y las obligaba a entregarle fotografías de ellas desnudas o cartas con secretos vergonzosos que serían sacados a la luz si decidían marcharse. NXIVM es lo que los expertos en este tipo de prácticas denominan una secta coercitiva o destructiva, llamadas así porque su principal característica es que sus dirigentes emplean “medios coactivo-coercitivos para asegurar la sumisión de sus miembros”, según escribe el psicólogo Álvaro Rodríguez en su artículo “La actuación de las sectas coercitivas” (Eguzkilore, 2004). En esencia, lo que estos colectivos anhelan por encima de todo es alcanzar el máximo poder sobre sus seguidores. NXIVM se hacía pasar por un grupo de mejora personal, pero las sectas destructivas pueden camuflarse mediante todo tipo de máscaras y presentarse como una asociación religiosa, de carácter cultural, terapéutica, esotérica o incluso comercial. Cualquier fachada sirve para atraer a los futuros miembros, siempre que pueda resultarles atractiva. Lavado cerebral Es justo de esto de lo que se le acusa al italiano Mario Pianesi, creador de la dieta Ma-pi, cuya consigna base es consumir vegetales, frijoles y granos de distintas variedades y evitar todo tipo de elementos procesados. Gracias a su éxito, Pianesi y su esposa fueron levantando desde los años 80 un imperio nutricional con 90,000 asociados sólo en Italia y una cadena de más de 100 tiendas y restaurantes. Incluso fue declarado ciudadano honorario en 12 urbes, pero todo comenzó a desmoronarse en 2013, cuando la policía de ese país inició una investigación secreta tras la denuncia de varias seguidoras que lo acusaban de fraude. Pianesi les había asegurado que su dieta podía curar dolencias graves ante las que la medicina tradicional se mostraba ineficaz. También se le denunció por obligar a sus simpatizantes a trabajar gratis en los establecimientos de la cadena, manipularlos mentalmente hasta convertirlos en esclavos de su régimen o controlarlos para que le dieran enormes sumas de dinero en concepto de donaciones. De esta manera resumió su actuación a The Guardian Carlo Pinto, uno de los jefes de la policía de Ancona (Italia), encargada del caso, cuando todo estalló en agosto de 2020: “Eran personas que sufrían enfermedades físicas y mentales. Estaban convencidas de que la dieta era buena para ellas y, a cambio, ofrecían su ayuda para mantener el imperio Ma-pi de alimentos macrobióticos, trabajando gratis y sacrificando su propia vida”. Fueron 40 años de fama e impunidad que el psicólogo Rodríguez explica de este modo: “Cuanto mayor sea el número de adeptos y el poder alcanzado en la sociedad, mayor tenderá a ser la legitimación social obtenida y el ensalzamiento-divinización del líder o cúpula dirigente y su doctrina”. Ahora bien, aunque en el grupo creado por Pianesi no se hayan encontrado indicios de actividades sexuales encubiertas, el sexo sí suele ocupar un papel primordial en las sectas coercitivas. “Está presente en ellas, ya que es parte integrante de la naturaleza humana. Por ello, es importante observar cómo funciona cada grupo en concreto y ver cuál es el sitio que este ocupa en el proceso de manipulación psicológica de los adeptos”, comparte Luis Santamaría, investigador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES) y profesor en la Universidad de Salamanca (España). “Controlar a los individuos en lo sexual es fundamental”, agrega Santamaría. “Para ello, el gurú establece si deben tenerse relaciones íntimas o no, cómo se hacen o deshacen las parejas, los periodos de actividad y abstinencia… El sexo no suele ser la finalidad de las sectas, sino un medio importante para la consecución de su objetivo: someter a las personas, ejercer poder sobre ellas”. El proceso de entrada en uno de estos grupos se inicia siempre con el establecimiento de un vínculo entre la persona y el colectivo, describe Rodríguez. Puede ser la primera la que busque “activamente su integración” o ser la secta la que, “a través del proselitismo y estrategias de reclutamiento”, se acerque a ella. De una forma u otra se inicia entonces una sucesión de fases que los autores del libro Victimología: un estudio sobre la víctima y los procesos de victimización, enumeran como atracción, captación, conversión y adoctrinamiento. “En la primera, el grupo intenta agradar y persuadir al sujeto, sobre todo de un modo afectivo-emocional, de manera que este sienta la necesidad de pertenecer al mismo, pues en verdad le aporta algo trascendente para su salud y bienestar”, escribe Rodríguez. En esencia, lo que va a intentarse es que el recién llegado se sienta querido y protegido a través de todo tipo de atenciones y halagos. Es una etapa a la que los expertos suelen referirse como bombardeo de amor. Además, como subraya el sociólogo Andrés Canteras en su libro Jóvenes y sectas, para vencer cualquier reticencia inicial la secta se mostrará bien cohesionada, con gran felicidad interna, con un fuerte sentido de la amistad o con secretos dispuestos a compartir que, promete, cambiarán a mejor la vida del futuro adepto. Lo que no quiere decir que sea una imagen cierta. Es lo que le sucedió a la española Patricia Aguilar cuando, en 2016, comenzó a recibir mensajes de apoyo y cariño de un tal Félix Steven Manrique, quien encontró a la joven Aguilar, de por entonces 16 años de edad, en la red social Facebook, luego de leer un mensaje suyo en el cual se mostraba muy dolida por la repentina muerte de un familiar cercano. Vamos a repoblar el mundo... Tras un intenso bombardeo de amor, Manrique logró que, en cuanto cumplió los 18, Patricia se marchara a Perú, donde la integró en una secta sexual. La convenció de que había sido elegida para repoblar el planeta junto a él y otras dos adeptas ante la inminente llegada del apocalipsis. Gracias a la tenacidad de su familia fue rescatada de la selva peruana, donde malvivía sin agua ni electricidad. Manrique, que se hacía llamar “príncipe Gurdjieff”, fue condenado a pasar 20 años en la cárcel. Una vez que el neófito ha aceptado formar parte del grupo en la fase de captación, llega la de conversión donde se intensifica toda la maquinaria de manipulación mental y física con el objetivo de transformar la identidad del novicio y adecuarla al sentir de la secta. “La conversión implica compromiso, y estas sectas preparan a los adeptos para que, tras compartir y comprometerse en una acción, pasen a compartir y comprometerse en una creencia”, detalla Rodríguez. Algunas de las técnicas utilizadas pasan por aislar al individuo del exterior y, en especial, de su familia; crearle un estado de dependencia física y obligarlo a entregar a la secta gran parte o la totalidad de sus posesiones y ganancias, debilitarlo a través de una mala nutrición o pocas horas de sueño, someterlo a trabajos excesivos para que sólo piense en descansar, imponerle un sistema de premios y castigos sobre sus actitudes según se ajusten o no a lo que el líder reclama, generar un clima de miedo, culpa o incertidumbre… Y es justo en tal punto donde el sexo suele presentarse sin tapujos, aunque, como afirma Santamaría, “puede aparecer en cualquier momento del proceso de captación y adoctrinamiento. Así, en el momento del bombardeo amoroso, la secta puede lanzar al neófito un anzuelo sexual y conquistarlo a través de una persona por la que se sienta atraída, de manera que la relación afectiva y la pertenencia a la secta transcurrirán de forma paralela”. Y cita el caso de los Niños de Dios, “donde se practicaba la llamada ‘pesca con coqueteo’, consistente en que las adeptas jóvenes tenían relaciones sexuales con hombres para anunciarles el amor de Dios y atraerlos”. En otras ocasiones, el sexo se disfrazará como un premio, un privilegio o un requisito para progresar en el grupo. Es lo que inculcaba Fernando Torres Baena a sus alumnos en el gimnasio de karate que regentaba en Las Palmas de Gran Canaria, España. Durante 35 años abusó de niños y adolescentes al hacerles creer que, “si se mantenía contacto físico en la lucha, también debía mantenerse contacto físico de tipo sexual”, según relató una de sus víctimas, a la que incluso obligó a ver una película pornográfica donde se mostraba sexo explícito entre personas y animales. También disfrazaba el sexo de premio, como se trasluce del testimonio de otra víctima, de 11 años en el momento de los abusos y mencionada en el libro La secta del karate: “Me decía que yo era la mejor y que, como era la mejor, tenía que estar con el jefe. Me repetía que era la bailarina más buena y me convertiría en una estrella mundial”. Este tipo de modus operandi es muy semejante al de Juan Carlos Aguilar, el falso monje shaolin que asesinó a dos mujeres en 2013 y en cuyo gimnasio, en Bilbao, España, había comenzado a crear una pequeña secta formada por féminas incondicionales. Él las denominaba novicias mientras que ellas se referían a él como maestro. Además de drogarlas, atarlas, azotarlas y fotografiarlas aparentemente inconscientes, las sometía a todo tipo de actos sadomasoquistas. Y es que las conductas sexuales que pueden formar parte de una secta son muchas y muy diversas, como describe Santamaría: “Hay casos frecuentes de líderes que utilizan a sus seguidores en el terreno sexual mientras imponen la abstinencia a los demás, les asignan parejas y relaciones, los explotan sexualmente con fines proselitistas o de financiamiento del grupo, los someten para cumplir las fantasías y perversiones sexuales del gurú, les prohíben la actividad sexual y luego la alternan con fases de promiscuidad sin un criterio conocido... Y existen hasta casos de producción de material pornográfico que involucra a los adeptos”. Sexo adoctrinado Todo ello sin olvidar que suele tratarse “de abuso sexual institucionalizado, pues se prohíbe la libre determinación de cada individuo en materia sexual y, mediante las estrategias de abuso psicológico, se le induce a relaciones que, en el fondo, no son consentidas”, advierte Santamaría. De ahí que algunos adeptos se enfrenten a la imposición de estas prácticas sexuales o que las cuestionen. Aunque si eso llega a ocurrir, como afirma este investigador, el líder ofrecerá entonces “justificaciones teóricas para todo, basándose en principios doctrinales de la secta, e impondrá esas conductas sexuales con el pretexto de ascender espiritualmente, mejorar su posición en el grupo o incluso salvar el mundo”. Todo este proceso de adoctrinamiento no se entendería sin la permanente presencia del gurú en cada una de sus fases. “El líder es una persona que impone su autoridad sobre los adeptos, y esa autoridad es absoluta porque se trata de alguien especial, un elegido, alguien a quienes los seguidores se lo deben todo. Por eso, los líderes son capaces de convencer a sus adeptos de lo que sea en materia sexual”, afirma Santamaría. Es una tónica que se repite con frecuencia. David Koresh, dirigente de los Davidianos, se presentaba ante ellos como el último profeta; Jim Jones, gurú de la secta Templo del Pueblo, afirmaba estar al mismo nivel que Jesucristo; y Clemente Domínguez, fundador de la Iglesia del Palmar de Troya, siempre afirmaban haber tenido una visión en la que Jesús y varios apóstoles lo proclamaban papa. Son mensajes encaminados a lograr la sumisión de sus seguidores, pero pueden responder también a la presencia de ciertos trastornos de la personalidad, que serían mayoritariamente dos, a decir de los estudios realizados al respecto: el narcisista y el paranoide. Como resultado, se trataría de personas con gran sentido de la grandiosidad, egoístas, sin empatía, manipuladoras, caprichosas, rencorosas, en constante guardia ante las críticas y con alta necesidad de atención, entre otros rasgos. Y ello cuando no se trata de auténticos psicópatas o de personas afectadas por alguna psicosis. Sin embargo, que el líder tenga éxito o no entre sus seguidores dependerá sobre todo de otras cuestiones, como su capacidad para la oratoria, la seguridad que muestre ante los adeptos, lo atractivo del mensaje que inculque o la propia esencia del grupo. No hay que olvidar que David Koresh no pudo evitar que muchos de sus seguidores dejaran los Davidianos cuando se enteraron de que él había abusado de varios menores, lo que propiciaría el fin del colectivo en 1993, tras el asalto y posterior asedio del FBI al rancho en donde vivían atrincherados y armados. La situación, que tuvo un final sangriento, se prolongó 51 días. Con todo ello, si el seguidor continúa en la secta se llegará a la última fase, el adoctrinamiento, en la cual su nueva identidad se habrá asentado de tal modo que “de ser educado, pasará a ser reclutador y educador de otros”, concluye Rodríguez. Por supuesto que no hay un censo oficial de todos los grupos sectarios existentes, ya que muchos operan en la clandestinidad, pero los estudios de Santamaría arrojan la posibilidad de centenares. Muchos de ellos, según cree, “se han servido de la pandemia por COVID-19 para reforzar sus argumentos y mensajes, y así captar nuevos miembros aprovechándose del miedo y de la incertidumbre actual”.

es-mx