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Muy Interesante (México) - 2021-07-01

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Por Myriam Vidal Valero

Para colgarse una medalla olímpica al cuello no bastan el esfuerzo máximo, entrenar como loco o comer frutas y verduras. En el deporte actual, la ciencia y la tecnología son clave para el alto rendimiento. Además, bien sabemos que durante los Juegos Olímpicos los atletas llevan sus cuerpos al límite y eso muchas veces termina mal, por eso te presentamos cuáles son las lesiones más comunes en los deportistas olímpicos según su disciplina. MI Brenda Galilea Gutiérrez, seleccionada nacional de canotaje en México, tiene su rutina de entrenamiento estructurada a la perfección: se levanta a las seis de la mañana y comienza a entrenar a las siete. Después de unas horas desayuna, toma un pequeño descanso y vuelve a entrenar hasta que llega la hora de la comida; realiza un entrenamiento final por la tarde. Ella, como el resto de los atletas olímpicos de alto rendimiento del mundo, sabe que una medalla requiere de enorme esfuerzo, sacrificio y compromiso. Sin embargo, el entrenamiento constante y el trabajo duro no son los únicos factores que llevan a una medalla o trofeo, pues existe otro elemento igual de importante detrás de cada victoria: la ciencia. La ciencia es, y siempre ha sido, una parte fundamental del deporte. Está presente en las mediciones de fuerza, distancia y velocidad, en el desarrollo de nuevas técnicas deportivas, en la medicina necesaria para proteger a los atletas y en el diseño de rutinas de entrenamiento e instalaciones apropiadas para las pruebas deportivas, por mencionar apenas algunos ejemplos. Sin embargo, con los años ha ido ganando importancia al punto de que, en la actualidad, se ha convertido en un factor que muchas veces determina la victoria o la derrota. Por ello, conforme nos aproximamos a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, “los más innovadores de la historia” de acuerdo con el Comité Organizador, resulta imposible no reflexionar sobre la historia de la innovación científica deportiva y preguntarnos cómo influirá en los nuevos récords y victorias. Una cosa es segura: sin importar el resultado, los atletas contemporáneos se comportarán como superhumanos en comparación con quienes participaron en las primeras olimpiadas de la era moderna en 1896... y esto no es casual. Existen cientos de ejemplos de las mejoras en el desempeño atlético de los deportistas a lo largo de la historia. Uno de ellos corresponde a la prueba del maratón: mientras que el ganador de 1904 logró recorrer 40 kilómetros en 3 horas con 28 minutos, el ganador de 2012 lo hizo en 2 horas con 8 minutos. “El lema olímpico es Citius, Altius, Fortius: más rápido, más alto, más fuerte; y los atletas han cumplido con ese lema”, considera el periodista David Epstein en una Ted Talk titulada Are Athletes Really Getting Faster, Better, Stronger? (¿En verdad los atletas se están volviendo más rápidos, mejores y fuertes?). ¿Qué está pasando? ¿En realidad los atletas modernos son humanos más evolucionados? No, realmente no. Cuando Epstein aborda el tema, explica que la diferencia no está en los humanos que compiten, sino en la tecnología sobre la que se apoyan, y pone el ejemplo de Jesse Owens y Usain Bolt, ambos campeones de los 100 metros planos pero con tiempos dispares. Mientras que Owens llegó a la meta en 1936 con un tiempo de 10.2 segundos, Bolt lo hizo en 9.77 en 2013. No es que uno fuera más rápido o capaz que el otro; de hecho, un análisis biomecánico de las articulaciones de Owens mostró que ambos atletas podían correr a la misma velocidad: la diferencia fue que mientras Owens corrió sobre una pista compuesta de cenizas de madera quemada, Bolt lo hizo sobre una alfombra especialmente fabricada para encauzar toda su energía y convertirla en velocidad. Si ambos hubieran competido sobre la misma superficie, la diferencia de tiempos hubiera sido indetectable en esencia. La tecnología cambia cada año el desempeño deportivo con innovaciones que, por un lado, les facilitan la vida a los competidores y, por otro, suben la barra competitiva –tanto en la arena de juego como en el terreno de la innovación–. “Llega un momento en que nosotras, como deportistas, pensamos: ‘¿Hasta qué marca llegaremos?’, porque ya no me veo haciendo un mejor tiempo”, explica Brenda. La tecnología al servicio del deporte es una herramienta en extremo valiosa cuyos beneficios van más allá del desempeño y se traducen en un mejor cuidado de los atletas y mejores evaluaciones de desempeño. Ello le permite a las organizaciones deportivas tomar decisiones mucho más asertivas sobre cómo cuidar a sus atletas y aprovechar al máximo sus habilidades, señala el doctor e ingeniero Munish Bhatia, de la Lovely Professional University en India: “Podemos medir los signos vitales del rendimiento de los atletas día a día y cuantificar el desempeño”. Esto también puede traducirse en mejores rutinas de entrenamiento, como Galilea ya ha podido comprobar con un singular dispositivo que su equipo adquirió para incorporarlo en sus rutinas de entrenamiento. El aparato en cuestión toma una gota de sangre del dedo de las deportistas para medir qué tanto esfuerzo realizaron durante su entrenamiento en cuestión por medio de los niveles de lactato, el ácido láctico que pasa a la sangre y cuyo nivel de concentración en la misma depende de la intensidad de esfuerzo del cuerpo. Si el ejercicio es muy prolongado y supera el ritmo en que el cuerpo puede convertir el lactato en glucosa, necesaria para producir la energía de los músculos, entonces el organismo no logrará mantener la intensidad necesaria para el ejercicio en cuestión y el rendimiento será bajo. Así, dependiendo de los resultados, el equipo adapta las rutinas de entrenamiento para hacer más o menos esfuerzo y alcanzar los resultados de desempeño deseados. “No puedes hacer todos los entrenamientos al máximo porque no desarrollarás lo que tú quieres”, explica la deportista. Los juegos paraolímpicos son otro gran ejemplo de la tecnología al servicio del deporte. Desde sillas de ruedas más rápidas diseñadas en específico para las competencias y bicicletas con computadoras incorporadas con un diseño adaptado a la forma del cuerpo de cada competidor, hasta prótesis biónicas y gorros de natación vibratorios diseñados para que los nadadores ciegos puedan saber en qué momento se están aproximando a la pared, estos aparatos ponen a prueba los límites aparentes de aquello que los atletas discapacitados pueden o no hacer. Es una forma de garantizar un mayor acceso a las disciplinas deportivas. Además, las aplicaciones celulares, consolas de videojuegos, sistemas de realidad virtual y aumentada, entre otras innovaciones del internet de las cosas, han permitido interesar a la sociedad en el deporte brindándole diferentes alternativas de acceso, muchas de ellas con un fuerte elemento de entretenimiento detrás. El desarrollo tecnológico puede ser un gran aliado para el deporte, sin embargo, la influencia directa de la tecnología en la obtención de trofeos y medallas presenta un punto de inflexión imposible de ignorar: ¿qué pasa con los atletas que no tienen acceso a las innovaciones? Deporte y equidad Aunque se ha presentado a los Juegos Olímpicos como un evento que promueve los valores de excelencia, amistad y respeto entre las naciones del mundo entero, la realidad es que son mucho más que eso, y cada año las competencias le muestran al globo entero el nivel de desarrollo e inversión en ciencia de cada país. La página Medals per Capita ha analizado el número de medallas que obtiene cada nación a lo largo de la historia de los Juegos Olímpicos contrastándolas con su población y producto interno bruto (PIB). Como podría esperarse, esta tendencia muestra que los territorios con mejor relación entre población-PIB son los que tienen más medallas. En los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de 2016 la lista fue encabezada por Estados Unidos, Gran Bretaña, China y Rusia, con 26, 16, 15 y 11 preseas, respectivamente. Brenda Galilea no es indiferente a la influencia que la tecnología puede tener en el desempeño deportivo. Como remadora profesional, ella realizaba sus primeros entrenamientos en anchos botes de madera que con el tiempo evolucionaron en otros mucho más delgados hechos sobre todo de fibra de carbono y fibra de vidrio, lo que los hace más ligeros. Además, los diseños de las embarcaciones están pensados para que con cada nuevo avance puedan tener un mejor desplazamiento en el agua. “Si usas ahora uno de los botes antiguos, quizá no tendrás el mismo rendimiento ni el mismo tiempo que los que utilizan estos nuevos botes”, compara la deportista. Otro aparato innovador para su disciplina son los sensores electrónicos capaces de detectar cuando el bote se inclina y el nivel de dicha inclinación, lo cual les permite refinar las técnicas para evitar dichas inclinaciones y no perder segundos valiosos de velocidad. Sin embargo, la selección mexicana no cuenta con ese aparato. “La tecnología existe, pero México es de los países que menos invierte en sus deportistas, y esto tiene efectos directos en las victorias”, subraya la campeona y relata su experiencia en los Juegos Panamericanos de 2015: “Competimos en un bote muy viejo con dos kilos de más. Creo que nos costó la medalla, porque sí traíamos muy buen nivel”. De acuerdo con el doctor Carlos Eduardo Vargas Olarte, director del Centro de Investigación de la Academia Internacional de Ciencias del Deporte SFBD, el mundo de las competencias deportivas aún está muy lejos de ser equitativo, porque el deporte es un espejo de la sociedad donde se desarrolla. “Pertenece a la sociedad, como todos los otros sistemas, y está afectado por otros más: por la educación, la salud, por lo laboral y lo político”. Los países con más medallas son aquellos que ven al deporte como una fuerte industria económica y un espacio para el desarrollo científico. Sin ciencia no habría tecnología, y sólo es posible sacarles provecho a las innovaciones si existe un sólido pensamiento científico detrás. Las naciones que ganan medallas no sólo lo hacen porque invierten más dinero en equipar a sus atletas con costosos artefactos, sino porque han modificado su cultura deportiva desde la raíz. “Antes de la atención particular al atleta hay una política del Estado, de la nación, hacia el alto rendimiento”, explica Vargas. Esto lleva a que sitios como Alemania conformen equipos científicos interdisciplinarios que involucran a las ciencias naturales y sociales y creen grandes enfoques para mejorar el rendimiento, y eso tiene que ver con el interés económico de desarrollar una industria deportiva sólida. “No están preparando un deportista: están preparando laboratorios y tecnología”, añade el experto. Un ejemplo muy controversial sobre la inversión tecnológica al servicio de las victorias fue el triunfo de Alemania en el Mundial de Futbol de 2014: la capacidad y talento de los jugadores se apoyaron en una tecnología de análisis de datos desarrollada por la compañía SAP que analizó alrededor de 60 millones de datos respecto a las jugadas en tiempo real por medio de sensores y cámaras de video. Así, los entrenadores pudieron identificar los patrones en los juegos y desarrollar estrategias basadas en las debilidades particulares de sus distintos oponentes. La tecnología influyó en los aspectos defensivos, tácticos y ofensivos al punto de que sabían por dónde era más probable que el otro equipo tratara de meter un gol. El portero “tiene la información y el que está parado frente a la pelota no sabe que lo tienen escaneado”, revela el doctor Vargas. Esta perspectiva frente al deporte trasciende el simple interés económico y ve al deporte como una parte integral de la sociedad con propósitos diferenciados: deporte de alto rendimiento, deporte para la salud, deporte lúdico para pasar el tiempo libre, deporte de nuevas tendencias donde las personas experimentan con el movimiento frente a la naturaleza y prueban cosas no hechas hasta ese momento, como trucos con la bicicleta y, por último, los e-sports. Todos estos niveles están interconectados porque los desarrollos que surgen para los deportistas de alto rendimiento, sus instalaciones deportivas y sus rutinas de ejercicio pueden también ser aprovechados por la población en general. Sin embargo, Latinoamérica todavía está lejos de adoptar este pensamiento. “A los gobiernos sólo les interesa un modelo: el de la competencia. No hay un pensamiento científico hacia esa competencia, creen que lo único científico es el médico”, amplía el doctor Vargas, y admite que esos especialistas –médicos, nutricionistas, psicólogos, etc.– se encuentran trabajando desintegradamente con el deportista. No existe una cultura dedicada a la ciencia del deporte, los profesionales preparados son escasos y sigue teniéndose una noción general del entrenamiento excesivo constante como medida de éxito. ¿Está todo perdido? ¿Para qué seguir compitiendo, si se comienza con una evidente desventaja? Receta para el éxito Aunque Brenda Galilea sabe que la delegación mexicana no cuenta con la misma facilidad de acceso a ciertas tecnologías o a un cuerpo técnico de expertos tan completo como el de otros países –aún recuerda cuando tuvo que recurrir a un fisioterapeuta externo en una competencia en Portugal porque se lesionó y su equipo no llevaba uno–, esto no la desanima a seguir compitiendo. “Hemos tenido la oportunidad de entrenar en otros lugares y no se ven impresionantes, en realidad nosotras pensamos que a veces entrenamos incluso más, con más horas, más sacrificio. No nos vemos tan lejanas a ellas. Sabemos que esos detalles marcan la diferencia. Sacrificamos muchísimo y nos esforzamos muchísimo, en algún momento se nos tiene que dar”, confía. Más allá de las innovaciones tecnológicas, la ciencia lleva años tratando de dar con la fórmula exacta para crear campeones olímpicos, y es posible ver esto directamente en las modificaciones que se fueron haciendo a través de los años en los perfiles genéticos de los atletas. En un inicio se pensaba que un mismo tipo de cuerpo era apto para competir y ganar en cualquier disciplina científica. Ya no es el caso. Epstein señala que, con el tiempo, los científicos deportivos y entrenadores se dieron cuenta de que, en vez del cuerpo promedio, se requerían cuerpos altamente calificados para encajar en ciertos nichos del atletismo. Por ello comenzaron a adaptar los criterios de selección a las disciplinas específicas. Por ejemplo, en la actualidad la altura promedio de los jugadores de la liga de básquetbol de Estados Unidos, la NBA, es de 6.6 pies (poco más de dos metros) y, en proporción, sus brazos son más largos que el normal de la población. El entrenamiento temprano es otra forma en que se ha buscado preparar a los futuros campeones mundiales, al especializar a los niños desde los siete años con entrenamientos enfocados por completo en un deporte cuando, de hecho, la ciencia ya ha descubierto que eso es contraproducente a la larga, pues no sólo sus carreras serán más cortas y sufrirán mayor desgaste físico a edades tempranas, sino que se verá comprometido el desarrollo integral de sus habilidades motrices en la infancia. Lo ideal es formarlos primero como atletas y después especializarlos. La mayoría de los atletas olímpicos comenzaron a especializarse pasando los 15 años, explica Karishma Boolani, experta en ciencia del deporte y fundadora de la consultoría Humanics, en una conferencia titulada How Sports Science Is Creating Super Athletes. La mente juega otro papel fundamental en el desempeño deportivo, algo que demostró el doctor Jamie Pringle, del English Institute of Sport, con un experimento que buscaba ampliar las capacidades físicas de los atletas mediante la manipulación psicológica. Les pidieron a varias personas que hicieran ejercicio por 10 minutos hasta el agotamiento. En una siguiente sesión hicieron exactamente la misma prueba, pero con un reloj que avanzaba más despacio. Creyendo que harían ejercicio durante 10 minutos, los participantes consiguieron hacer la misma actividad a toda capacidad durante 12 minutos. Si bien es importante el entrenamiento y la preparación, la psicología del deporte se encarga de llevar a los atletas a que controlen su mente con técnicas y estrategias que pueden usar para desempeñarse de la manera óptima. Al respecto, el profesor de psicología de la Universidad Curtin en Australia, Martin Hagger, identifica cinco factores clave asociados al éxito deportivo: motivación, confianza, conocimiento del deporte, rutinas y manejo de la ansiedad. ¿Cuál de todos estos elementos tiene la respuesta? La verdad es que no existe una fórmula exacta para el éxito. Sí hay elementos que influyen y decantan la balanza, como el acceso a los equipos más innovadores, la presencia de un equipo técnico y médico apropiados. El tema del uso de la tecnología para garantizar una victoria viene cargado de fuertes componentes éticos que los comités evaluadores, entrenadores, deportistas y gobernantes deben tomar en cuenta y discutir para así garantizar competencias equitativas pero, mientras eso sucede, el espectáculo continúa y los atletas deben dar lo mejor de sí. Al momento de la competencia todo puede pasar. En 1960, el atleta de 16 años Dick Fosbury comenzó a desarrollar una nueva técnica en el salto de altura al invertir la forma de hacer el brinco: en vez de hacerlo de frente, saltó de espaldas. Esa técnica, luego bautizada como el “Fosbury Flop”, lo llevó a ganar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1968 y se convirtió en el estándar para la disciplina. La ciencia del deporte seguirá avanzando para mejorarlo y los atletas podrán apoyarse en ella, pero ninguna competencia deportiva tiene garantías. La única batalla perdida es aquella que no se hace, así que es momento de disfrutar el show y ver qué nuevas y sorprendentes historias nos tienen deparados los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

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