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Muy Interesante (México) - 2021-06-01

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EL MATERIAL DE LOS SUEÑOS

CURIOSIDAD CINE-SCOPIO

Por Olivier Fuentes

Grandes filmes que se desarrollan en el plano de los sueños, allí donde todo se vale. Los sueños son un tema recurrente en el celuloide, aunque no se sepa qué son con exactitud. Ya sea como un recurso narrativo eficiente, como uno muy barato (el típico “todo fue un sueño”) o como el tema central de un filme, los sueños siempre han fascinado a los realizadores. Quizás uno de los atractivos de los sueños sea que, a la hora de resolverlos en la pantalla grande, puede hacerse prácticamente todo, romper cualquier ley y eliminar las cortapisas sin más. Tenemos así que los sueños pueden ser elaboradas producciones cinematográficas desarrolladas por elementos de nuestro subconsciente a la hora de dormir, como lo muestra el filme animado de Pixar, Intensa-mente; sin embargo, ¿cuáles son esos elementos que componen los sueños? Stephan, el personaje que interpreta Gael García en La ciencia del sueño (2006), lo explica a la perfección: “Una delicada combinación de ingredientes complejos es la clave. Primero ponemos algunos pensamientos al azar. Después añadimos un poco de recuerdos del día mezclados con memorias del pasado…”. Entonces, los sueños están compuestos de recuerdos, recientes o viejos, y deseos. Así, veamos algunas cintas cuyo tema central son los sueños. Abre los ojos Vanilla Sky (2001), en realidad remake del español Abre los ojos (1997), inicia con el guiño de que la historia tratará acerca de sueños cuando el personaje principal, el vano heredero David Aames (Tom Cruise) pasea en su auto de lujo por las calles de Nueva York, hasta que llega a Times Square y se percata de que la ciudad, o al menos esa parte, está vacía por completo. Pasado el lapsus, David continúa con su vida normal: es el editor de una influyente revista neoyorquina y heredero de 51% de las acciones de la editorial. Al joven Aames no le preocupa que el resto del consejo directivo quiera separarlo del cargo, pues su vida está llena de emociones, fiestas y relaciones pasajeras con lindas chicas. Todo cambia cuando conoce a Sofía (Penélope Cruz) durante una fiesta en su departamento. David y Sofía pasan la noche hablando y él siente que tienen una conexión muy especial, por primera vez está enamorado. Pero al dejar a Sofía en su auto, David es interceptado por Julianna (Cameron Diaz), una examante quien estuvo observándolo todo el tiempo y lo invita a subir a su coche. David pierde todo en cuestión de segundos: Julianna, atormentada por el abandono, estrella el coche; ella muere y él queda con la cara desfigurada. Con una “prótesis facial” la vida de David sigue adelante, está amargado y en ocasiones desquita su frustración con Sofía, pero poco a poco el amor de ella lo ayuda a salir adelante, hasta que sucesos extraños e ilógicos empiezan a suceder en la vida de David. De súbito, Sofía ya no es Sofía, sino Julianna. Es que… ¿todo es un sueño? La h istoria, que parece empezar como comedia romántica, resulta ser una mezcla de ciencia ficción, exploración de la mente y aquella leyenda urbana en donde una celebridad ya fallecida en realidad no está muerta, sino “congelada”. El momento clave de Vanilla Sky es cuando se le revela a David que todo lo que ha vivido con Sofía es un sueño inducido por un programa de realidad virtual basado en sus propias memorias y anhelos, y que él ha permanecido en estado criogénico por más de 150 años, viviendo lo que en el filme llaman un “sueño lúcido”. Así, aunque en la vida real no existen máquinas o programas que induzcan sueños con tal o cual característica, la película retoma el hecho de que, a fin de cuentas, los sueños son una suma de nuestras vivencias y deseos, como ya lo planteaba el personaje de Gael García en La ciencia del sueño. Sueños en fuga Hay un elemento psicológico de los sueños que es planteado en Somnia: antes de despertar (2016): cuando en un sueño interactuamos con distintas personas, en realidad lo hacemos con nosotros mismos, con diferentes aspectos de nuestra personalidad. Al menos eso le dice un terapeuta a Jessie (Kate Bosworth) cuando ella cuenta haber visto al fantasma de su hijo fallecido y jura haber estado despierta. En realidad, el espectro es una manifestación del sueño de Cody, el niño que acaban de adoptar Jessie y su marido, y que tiene el don (¿maldición?) de que cuando duerme, sus sueños se manifiestan físicamente. Lejos de asustarse cuando lo descubre, Jessie está tan obsesionada con su hijo muerto que emplea cualquier clase de artimaña para lograr que Cody lo “sueñe” y ella pueda verlo. Pero así como los sueños “se le salen” al niño, lo mismo pasa con sus pesadillas. La trama de Mike Flanagan no es estrictamente de terror ni de sueños, salvo por ese planteamiento que hace el personaje del terapeuta. Somnia sirvió a Flanagan para hacer oficio y convertirse en un exitoso director de series de terror para Netflix. Parches de sueño Aunque hay una cinta contemporánea, con escasos 11 años, que por su historia y ágil narrativa es considerada el epítome de los filmes acerca de los sueños: El origen (2010), de Christopher Nolan, en una mezcla de géneros noir, heist movie y ciencia ficción nos presenta una visión futurista de los sueños. Dominick Cobb (Leonardo DiCaprio) lidera una banda dedicada al espionaje industrial cuyo modus operandi consiste en entrar a los sueños de los objetivos, casi siempre altos ejecutivos, y robar ideas. Pero en esta ocasión deben hacer lo contrario: sembrar la idea en la mente de un heredero que eventualmente llevará al desmantelamiento de su propia empresa. Debido a los dramas personales de Cobb, el guion se enreda al grado de que, ya adentro de la mente de su víctima, la pandilla debe “abrir” más niveles de sueño para cumplir su encargo inicial. En la película se establece que, como parte del arte de “sembrar” una idea en mente ajena, los habitantes del sueño atacarán a los extraños como los anticuerpos hacen con los virus, con lo cual queda claro que habrá persecuciones, explosiones y balazos que deberá evadir el equipo de Cobb. Como hizo en Amnesia, Nolan suele evadir los libretos lineales y el mundo de los sueños es el pretexto ideal para saltar de un tiempo a otro y jugarle trucos al espectador. No es una historia hecha para el público que gusta de cosas muy digeridas con principios y finales claritos. La película demanda atención total y no falla al dar los detalles necesarios para comprender cómo funcionan los sueños, sus capas y, por ende, la trama general. Si de filmes sobre los sueños se trata, El origen quedó plasmado como un indispensable para los amantes del séptimo arte. Por supuesto, si el mundo de las películas no muestra fehacientemente hechos que son tangibles y comprobables, como los hechos históricos, mucho menos se ajustará a lo poco que se sabe del mundo de los sueños. Por ello habrá planteamientos en las cintas que los psicólogos y otros especialistas que estudian los sueños saben que son imposibles de realizar. Como sea, el giro favorito de las tramas sobre sueños es que siempre hay alguien que no sabe que está soñando o adentro de un sueño... hasta que es demasiado tarde. Y lo mismo puede ser un personaje de la producción o el espectador. No en balde la industria se llama “la fábrica de sueños”.

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