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Muy Interesante (México) - 2021-06-01

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EL LADO RACISTA DE LOS DIOSES ASTRONAUTAS

CURIOSIDAD MUY ESCÉPTICO

Por Luis Alfonso Gámez

Hay pocas ideas tan perturbadoras como la de que seres de otros mundos construyeron las pirámides de Egipto, ayudaron a los pascuenses a levantar los moáis y guiaron a los nazcas a la hora de realizar los geoglifos del desierto peruano. Es perturbadora no porque nos tocaría reescribir los libros de historia, sino por su racismo: la llamada “teoría de los antiguos astronautas” atribuye sistemáticamente a entidades superiores grandes logros de culturas no europeas. Es una muestra nada inocente de un supremacismo blanco que mucha gente no percibe como tal debido a su disfraz alienígena. La idea de que nos visitaron extraterrestres en la Antigüedad no es nueva. “Mucho antes de que la posesión legal fuera establecida, los habitantes de una multitud de universos aterrizaron en la Tierra y saltaron, volaron, navegaron o derivaron, empujados, atraídos hacia nuestras orillas, aisladamente o en grupos, visitándonos de forma ocasional o con periodicidad por razones de caza, de trueque o de prospección, quizá también para llenar sus harenes. Instalaron aquí sus colonias, se perdieron o debieron volver a marcharse”, escribió Charles Fort en El libro de los condenados, en 1919. Para el considerado inventor de lo paranormal, en un pasado remoto “la Tierra fue una especie de tierra de nadie que otros mundos exploraron, colonizaron y se disputaron entre sí”. Quiero creer... Fort creía que, desperdigadas por nuestro planeta, había huellas de esas visitas alienígenas esperando a ser descubiertas. Poco después las sacaron a la luz en sus libros Zecharia Sitchin, Robert Charroux, Louis Pauwels, Jacques Bergier, Peter Kolosimo o Erich von Däniken, entre otros autores. Se trata de bloques de piedra tallados con precisión milimétrica, estelas funerarias con astronautas en los controles de naves espaciales, leyendas sobre visitantes que bajan del cielo, aeropuertos prehistóricos todavía identificables a simple vista, descripciones de explosiones atómicas en libros sagrados, observatorios astronómicos… Casi todas esas pruebas tienen en común que forman parte del legado de culturas no europeas. No es algo casual. “Si miramos el trabajo de Von Däniken, puede haber pocas dudas de que sus creencias raciales influyeron en sus teorías extraterrestres”, afirma Sarah Bond, profesora de la Universidad de Iowa. El autor suizo es el más popular de los promotores de la teoría de los antiguos astronautas, el espejo en el que se miran todos los buscadores de extraterrestres en la historia. Desde la publicación de Recuerdos del futuro (1968) –obra en la que se apropia de ideas de Pauwels, Bergier y Charroux–, ha vendido cerca de 70 millones de ejemplares de sus libros y protagonizado infinidad de documentales, y en 2003 abrió en su país un parque temático centrado en sus teorías que cerró tres años después por problemas financieros. En una de sus obras, Profeta del pasado (1979), se pregunta de qué color tenían la piel Adán y Eva, y gracias a eso sabemos lo que piensa de las razas. Según Von Däniken, cuando los extraterrestres dieron forma a nuestra especie a partir del mono, otorgaron a cada raza distintas aptitudes, y los negros fueron un experimento fallido. “¿Hubo visitas de naves del espacio en diferentes épocas y sin que estos diferentes visitantes tuvieran noticias los unos de los otros? Puede que el primer grupo derivase al Homo sapiens del primitivo tronco primate, dejando una raza negra que luego recibiría la visita de otras expediciones a cargo de viajeros del espacio blancos o amarillos; y tal vez estos, no satisfechos con la raza negra que hallaron, volvieron a practicar la cirugía genética para programar el código de una raza blanca o amarilla”, afirma el pseudohistoriador, para quien nuestros creadores “serían muy enemigos de cualquier mezcla de razas”. Mentes maestras Visitantes de otros orbes están detrás de la pirámide de Chichén Itzá, las apariciones de Yahvé a Moisés, las esferas de piedra de Costa Rica, la cosmogonía de los dogones… “Esto es lo que hace la teoría de los alienígenas ancestrales: desacredita los orígenes de las civilizaciones y casi por completo los de las no blancas. La gente puede sugerir que Stonehenge fue construido por extraterrestres, pero ¿el Foro Romano o el Partenón? No”, indicaba recientemente en Twitter el medievalista norteamericano Chris Riedel, quien ha tenido estudiantes no blancos que, influidos por el dänikenismo, han llegado a preguntarle “si sus ancestros habían hecho alguna vez algo valioso”. “Von Däniken subestima una y otra vez la i nteligencia y h abilidades de nuestros ancestros para luego proponer una hipótesis extraordinaria que explique el pasado”, denunciaba el arqueólogo estadounidense Kenneth Feder en su libro Fraudes, mitos y misterios (1990). Para los defensores de los alienígenas ancestrales, si no son blancos, los antiguos eran unos inútiles que para hacer algo digno de admiración tenían que ser tutelados por alienígenas o, como alternativa terrestre, por los atlantes. Los artífices de las líneas de Nazca necesitaron para su trazado de la guía de los dioses astronautas, que fueron también los auténticos constructores de Teotihuacan pero, al otro lado del Atlántico, griegos y romanos levantaron en Europa templos y monumentos majestuosos sin que nadie les echara una manita. Si hay que decir que los egipcios necesitaron de la ayuda extraterrestre para construir las grandes pirámides de Guiza porque vivían en la Edad de Piedra, se dice; aunque entonces el país del Nilo fuera una gran potencia tecnológica, cultural y militar. Si hay que inventarse una traducción de un texto antiguo para llenarlo de naves espaciales, se hace. Si hay que convertir el florero de un relieve egipcio en la cabeza de un extraterrestre gris, se baja de calidad la imagen para que las hojas de la planta parezcan unos grandes ojos almendrados. Nada detiene a los pseudohistoriadores a la hora de minusvalorar el ingenio de los humanos no europeos.

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