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Muy Interesante (México) - 2021-06-01

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PARTE I UN NUEVO MAL Lenfermedad de Alzheimer, o simplemente alzhéimer, consiste en un síndrome neurodegenerativo caracterizado principalmente por una pérdida gradual de memoria. Sin embargo, los familiares de las personas afectadas por esta triste enfermedad saben que los síntomas no se detienen ahí: la desorientación permanente, agitación y, en muchas ocasiones, agresividad forman parte del día a día. Esto convierte al alzhéimer en un reto no sólo para el enfermo que la padece, sino también para las personas en su entorno más inmediato y, por extensión, para la sociedad en su conjunto. Toda enfermedad tiene un paciente cero. También en el caso del alzhéimer se produjo un primer diagnóstico en una persona concreta: la alemana Auguste Deter, que pasó a la historia no por sus acciones y obras, sino por ser de manera oficial la primera persona que, con una edad tan joven –51 años–, las había olvidado por completo. Y no sólo eso. Al igual que la mayoría de los pacientes que sufren esta patología neurológica, Auguste presentaba también violentas alucinaciones, estados vegetativos intermitentes, sueño alterado y episodios de agresividad que podían durar horas incluso. La paciente cero En noviembre de 1901, su marido Carl no pudo más e internó a su esposa en una institución mental en Fráncfort. Es en este punto cuando entra en escena el doctor Alois Alzheimer. El joven psiquiatra se obsesionó con el caso de Auguste durante los años siguientes y hasta intervino caritativamente para que permaneciera ingresada pese a los altos costos que implicaban su cuidado y atención. Como en otros tantos enfermos de alzhéimer, la señora Deter falleció por un cese completo y acelerado de las funciones cerebrales. Alois pudo disponer al final del cerebro de su paciente –y, presumiblemente, ya amiga– para analizarlo. Al teñir y examinar varios cortes histológicos al microscopio descubrió unas extrañas y pintorescas malformaciones jamás antes observadas y que no deberían estar allí. La presencia de tales estructuras invasoras era la que había causado el cuadro de demencia de Auguste –y al tiempo, su muerte– que acabaría llevando el nombre de su tenaz descubridor: Alzheimer. Esta ama de casa fue la primera persona diagnosticada con (y fallecida por) alzhéimer. Sin embargo, su vida, enfermedad y sufrimiento no fueron en vano. Su muerte representó además una suerte de semilla en la historia de la ciencia que conformó las disciplinas de la neurología y la psiquiatría tal como las conocemos. Hoy, la investigación relacionada con este complejo proceso neurodegenerativo sigue su curso con rumbo firme con el objetivo de entender por qué lo sufren más de 50 millones de personas. En esta cifra no están representados los familiares de cada enfermo, pues, como en otras situaciones de dependencia, el alzhéimer acaba también afectando seria e irremediablemente a la salud y el estado emocional de estos.

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