ESPEJITO, ESPEJITO

2023-01-01T08:00:00.0000000Z

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Editorial Televisa

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SOR RÉN ETE

¿Qué vería un equidna si se mirara en un espejo? Quizá lo primero que llamaría su atención sería su pelaje marrón (café) o, en algunos casos, casi negro: pelos hirsutos y en forma de espinas constituidos por queratina (la misma proteína fibrosa y dura que forma tus uñas) con una raíz larga que entra a un músculo especial que les permite moverlos de manera individual o en grupos. Después diría: “¡pero qué hocico tan largo tengo!”, y si el espejo hablara, respondería: “es para que comas mejor”. Su hocico largo y delgado funciona como boca (pequeña, sin dientes y con una lengua muy pegajosa para atrapar a sus presas), nariz y sensor eléctrico –tiene entre 400 y 2,000 electrorreceptores, según la especie, con los que capta los movimientos de los insectos subterráneos de los que se alimenta–. También notaría que sus patas delanteras parecen curvadas hacia adentro, con los pies palmeados y garras fuertes; en cambio, los pies de sus patas traseras apuntan hacia fuera y tienen garras fuertes y muy largas. Sus patas son perfectas para excavar “a doble tracción”: con las de adelante y las de atrás. “¿Y mis orejitas?”, pensaría. Es difícil verlas porque son apenas unas aperturas a los lados de la cabeza. “¿Y mi colita?”, preguntaría también. “No tienes”, le respondería el espejo. Y al final diría: “¡qué guapo soy!”. Por cierto, las cuatro especies de equidna varían en tamaño desde los 25 cm hasta 1 metro de largo, con los machos hasta 25% más grandes que las hembras.

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