Dar la cara por la cruz

2023-01-01T08:00:00.0000000Z

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Editorial Televisa

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Los Nazis Y El Vaticano

La historiadora hebrea Yagil Limore sostiene en sus estudios que Francia fue el único país europeo donde el catolicismo se implicó lo suficiente en la salvación de los judíos. Según la investigadora, 45 obispos ofrecieron su ayuda a los perseguidos por el régimen hitleriano; es decir, 45 de las 80 diócesis francesas acogieron a personas judías o colaboraron de alguna manera en la protección de las familias semitas desde el año 1940. De este modo, certificados falsos de bautismo, nuevas identidades y programas de acogida de menores en conventos y claustros fueron la salvación de miles de judíos franceses. Tan solo el fraile galo Père Marie-benoît logró socorrer a más de 4,000 hebreos durante la etapa de la ocupación nazi en Francia. Muchos de estos fueron trasladados a España haciéndose pasar por descendientes de españoles. En 1944, Benoît se vio obligado a huir de Francia a Roma tras ser perseguido por la Gestapo. Conocido como “el padre de los judíos” desde aquel momento, el franciscano capuchino recibió en 1966 el título de Justo entre las Naciones, condecoración judaica que honra a las personas de fe no judía que merecen el respeto y la admiración del pueblo semita. Desde 1942, las protestas de numerosos obispos contra los crímenes fueron un arma poderosa y pacífica contra la discriminación antisemita. El 22 de julio de aquel mismo año, el cardenal galo Emmanuel Suhard mandó una misiva de protesta en nombre del episcopado galo al mariscal Pétain, jefe de Estado del régimen títere de Vichy. En esta carta, la Iglesia francesa mostraba su rechazo hacia los arrestos de judíos en Francia. El cardenal Gerlier fue otro de los sacerdotes que trató de convencer a su gobierno de que no se estaban respetando “los derechos esenciales del ser humano ni las reglas fundamentales de la caridad”. Con el paso del tiempo y ante la inevitable conquista europea del nazismo, el clero tuvo que ir más allá de las palabras para obrar en consonancia con sus ideas pacifistas y antidiscriminatorias, tarea que a muchos clérigos les terminó costando la vida. Uno de los actores católicos más solidarios y conocidos fue el fraile capuchino Père Marie-benoît, quien condujo a muchas familias hebreas hacia la salvación tramitando su huida a países como Suiza o España. Entre 1940 y 1943, el sacerdote se dedicó a atender a los judíos de ciudades no ocupadas como Marsella y Niza para que estos pudieran escapar antes de su llegada. En 1943 acudirá a Roma para buscar el apoyo del papa Pío XII. Otro religioso destacado de la Resistencia francesa fue el padre Jules-géraud Saliège, quien desde 1933, tras el ascenso de Hitler al poder y temiendo por el futuro del pueblo hebreo, decidió iniciar una cruzada contra la creciente oleada racista en Europa. En el año 1941 el sacerdote comenzará a movilizarse para ayudar a los judíos y los acogerá dentro de su diócesis. En 1942 escribirá una carta dirigida a los altos cargos de la Iglesia de Francia en la que se preguntará lo siguiente: “¿Por qué ya no existe el derecho de asilo en nuestras iglesias? ¿Porque hemos sido vencidos?”. El gobierno de Vichy terminará por vetar esta misiva que durante meses circuló por las diócesis del país. Las palabras del padre Saliège calaron hondo en otras figuras católicas fundamentales de la Resistencia. Cerca de la región de Toulouse, sor Denise Bergon sintió la necesidad de ayudar a los huérfanos judíos tras leer la popular carta del sacerdote. Aprovechando su anonimato, esta intrépida monja cuidó de más de 80 niños y niñas en el convento de Nuestra Señora de Massip. Durante dos años, Bergon logró burlar las leyes recibiendo a menores de familias judías que corrían peligro o cuyos padres habían sido arrestados. Junto a las hermanas de su congregación hizo pasar a estos jóvenes por cristianos otorgándoles identidades falsas y cuidando de ellos hasta su edad adulta. Alemania: en el nombre del Führer En las décadas de 1920 y 1930, los líderes católicos alemanes se habían manifestado abiertamente en contra del nazismo. Sin embargo, a medida que el ideario de Adolf Hitler iba calando en la población alemana y copando una gran parte de las esferas públicas, la Iglesia católica de Alemania no pudo evitar que muchos devotos y clérigos se dejaran contagiar por el ambiente extremista del país. Por lo tanto, a la hora de analizar el papel que jugaron los curas, monjas y frailes germanos para enfrentar a sus dirigentes, es necesario hablar de una balanza que se terminó desequilibrando a favor del miedo y la complicidad con la dictadura. El autor Daniel Jonah Goldhagen asegura que, en líneas generales, “los obispos alemanes optaron conscientemente por no protestar ante el exterminio de los judíos en Alemania y en Europa”. Además, señala también la simpatía que algunos altos cargos eclesiásticos llegaron a sentir por el régimen nazi, que en ocasiones les llevó a colaborar con ellos cuando se pedían los registros eclesiásticos que mostraban quiénes eran las familias semitas conversas al catolicismo. Ejemplo de ello fue el sacerdote italiano y nuncio apostólico en Alemania Cesare Orsenigo, quien ha sido acusado históricamente como uno de los mayores cómplices y blanqueadores del nacionalsocialismo dentro de la Iglesia católica. No obstante, un gran número de los católicos alemanes no actuaron en el nombre del Führer y se convirtieron en una parte funda mental de la resistencia, llegando muchos de ellos a sufrir un terrible destino debido a su implicación contra el Holocausto. En este grupo cabe mencionar al padre Anton Weber, que falsificó cientos de pasaportes para ayudar a los judíos a huir de Europa con la colaboración de la Orden de San Rafael. Otro clérigo que dio la cara ante los nazis fue el obispo de Berlín, Konrad von Preysing, quien trató de convencer en vano a otros miembros de la Iglesia de detener la barbarie nacionalsocialista, buscando desesperadamente apoyo del papa Pío XII. Estos últimos sacerdotes, sin embargo, no sufrieron las terribles consecuencias que sí padecieron varios de sus hermanos y hermanas. Cientos de católicos, tanto laicos como religiosos, que se resistieron al régimen nazi, fueron asesinados en diversas purgas practicadas por la dictadura nacionalsocialista. Otros miles terminaron sus días en campos de concentración como el de Dachau, que encerró a casi 3,000 clérigos y fusiló a más de 2,000. Tal y como indica el autor Antonio Gaspari, “en toda Europa, los religiosos deportados a los campos fueron más de 5,500. Fueron 729 los sacerdotes, seminaristas y laicos que perdieron la vida en el periodo que va de 1940 a 1946”. En los Países Bajos, para terminar con los ejemplos, la monja germana Teresa Benedicta de la Cruz protagoniza una de las historias más crudas de los católicos de Auschwitz. Nacida como Edith Stein, esta filósofa e intelectual de origen judío se acercó al catolicismo y se ordenó como sor en su edad adulta. Crítica con el nazismo como otros religiosos neerlandeses, fue detenida durante una operación especial de la Gestapo para apresar a los hebreos conversos al cristianismo. Los soldados nazis le hicieron portar en su hábito una insignia con la estrella de David que indicaba sus orígenes semitas, y de todos modos sería asesinada días después junto a su hermana Rosa, también católica.

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