LOS ARCHIVOS SECRETOS

La apertura de estos famosos archivos, en el año 2020, ha sacado a la luz información oculta durante siglos, mostrando al mundo los periodos más oscuros de la Iglesia católica.

Por Francisco J. Molina García

2023-01-01T08:00:00.0000000Z

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Editorial Televisa

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Los Nazis Y El Vaticano

MUY INTERESANTE HISTORIA La historia de la Iglesia, durante muchos siglos, ha sido una historia a la defensiva. Más cuando el liberalismo político, la arqueología y la paleontología –a través del evolucionismo– plantearon serias dudas sobre el Antiguo Testamento a partir de sus nuevas teorías. El papa Francisco, tras la XIII Asamblea General Ordinaria, escribió su primer discurso apostólico, Evangelii gaudium, donde afirma: “La memoria es una dimensión de nuestra fe”. La memoria ha sido la base de la historia y ha servido tanto a los hombres como a la Iglesia para crear una identidad común. La cohesión y el porvenir de un grupo dependen en gran parte de su memoria –historia– común. Así, para el cristianismo fue fundamental demostrar la deidad de su fundador, Jesucristo, y la veracidad de su existencia. De ahí la importancia de salvaguardar sus recuerdos de los ojos críticos del observador. El origen de los archivos Los Archivos Secretos Vaticanos se crearon sobre la idea de conservar y guardar los escritos que demostraban la existencia de Jesús de Nazaret, su paso entre los hombres y los primeros siglos de la Iglesia. Ya durante las primeras épocas de la Iglesia de Roma, los papas tuvieron la costumbre de guardar documentos personales, las hazañas de los mártires, las donaciones de la Iglesia, etc. A partir del siglo IV, después de “La Gran Persecución” de Diocleciano y la posterior conversión al cristianismo de Constantino tras el Edicto de Milán (año 313), surgió la necesidad de conservar y guardar estos documentos a buen recaudo en unas estancias secretas. De esta forma nació uno de los fondos más ricos de toda la humanidad. Estos “tesoros”, como los calificó Benedicto XVI, han estado conservados en dos instituciones independientes, aunque ambas han ocupado el Cortile del Belvedere. Una ha sido la Biblioteca Apostólica Vaticana y la otra el Archivo Secreto Vaticano. La primera se fundó en 1450 por el papa Nicolás V. Creada como una biblioteca humanista, en ella se han conservado el famoso Codex Vaticanus, el más antiguo manuscrito completo de la Biblia en griego; y el papiro Mater Verbi –los papiros Bodmer XIV-XV– con el final del Evangelio de Lucas y el principio del Evangelio de Juan. La segunda, el Archivo Secreto, se desplazó de la corte pontificia a la residencia de Letrán y al Castillo de Sant’angelo. Fue el papa Pablo V (1605-1621) quien decidió su ubicación definitiva en el Vaticano, cerrándolo al público: una especie de centralización bibliográfica y documentaria. En 1783, todos los registros guardados en Aviñón durante el Cisma de Occidente (1378-1417) –con los papas y antipapas de la baja Edad Media– se llevaron también a la Santa Sede. Durante las campañas napoleónicas parte del archivo fue llevado a París y no fue devuelto hasta 1817, aunque con incalculables pérdidas durante el traslado. Con León XIII, los archivos se abrieron hasta la nunciatura de Pío XII y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, en 1939. Desde entonces han permanecido cerrados hasta 2020, año en que Francisco decidió abrirlos de nueva cuenta. ¿Qué información esconden? Durante todo este tiempo, tanto las restricciones a las consultas como el nombre de los archivos han dado pie a todo tipo de especulaciones sobre el contenido de sus documentos. La verdad, no obstante, era que el adjetivo “secreto” derivaba de una incorrecta traducción del nombre original en latín, Archivium Secretum Apostolicum Vaticanum , en el que secretum quería indicar “de acceso privado, exclusivo” del papa. La recopilación de textos durante casi 15 siglos ha dado lugar a más de 80 kilómetros lineales de estanterías y dos millones de documentos, que cuentan la historia de la Iglesia y la humanidad. El archivo ha conservado, organizado y valorado la documentación pontificia y de la Curia Romana al servicio del papa y de la Santa Sede. Los Archivos Secretos Vaticanos han sido calificados por ello como los archivos más ricos a nivel mundial. Los textos más antiguos difundidos han sido el Liber diurnus Romanorum Pontificum, una colección de formularios eclesiásticos del siglo VIII, y el Privilegium Ottonianum, que establecía la elección del papa bajo acuerdo con el emperador a cambio de dominios territoriales en el centro de Italia para el papa. Lo mandó realizar Otón I en oro sobre un pergamino púrpura en el año 962. Por su importancia histórica han destacado la Dictatus Papae de 1087, ideario político de Gregorio VII, que afirmaba que el papa podía reformar cualquier sentencia legal sobre su persona, y también la bula de destitución de Federico II por acción de Inocencio IV (1245), el primer derrocamiento de un emperador por parte de un papa. Uno de los documentos más secretos que se han conservado bajo llave en el Archivo del Vaticano es el Pergamino de Chinon, las actas de los juicios contra los caballeros de la Orden del Temple, de mayo de 1312. El documento recoge las acusaciones de herejía vertidas por el Santo Oficio contra los templarios, la absolución del papa Clemente V a los líderes de la Orden y la muerte en la hoguera de Jaques de Molay, último gran maestre templario. España en el corazón vaticano La historia de España también ocupa su sitio en los Archivos Secretos, donde se ha descubierto la Bula inter caetera promulgada por Alejandro VI Borgia en 1493. En ella se delimitaba el orbe entre las potencias marítimas de Castilla y Portugal después del descubrimiento de América por Colón. A cambio, ambas potencias debían evangelizar los nuevos territorios por colonizar. Entre las “joyas de la corona” han salido a la luz 81 pergaminos con sello de oro que han constituido el núcleo documental más rico del archivo. De entre todos ellos ha llamado la atención de los historiadores uno de Felipe II, de 1555, estampado con un sello de oro de 800 gramos de peso y 11 centímetros de diámetro de origen inca, sustraído por el conquistador Francisco Pizarro. También se ha rescatado un informe de campaña de la batalla de Lepanto –donde Cervantes perdió la movilidad del brazo izquierdo– entre la Liga Santa y la armada del Imperio otomano en el golfo de Patras: la Relación de la jornada de las Equinadas entre la armada turca y la cristiana el 7 de octubre de 1571, del comendador Romagasso, procedente del Fondo Borghese. Reforma, arte y curiosidades Sobre la ruptura de la Iglesia cristiana en el siglo XVI, el documento más importante que se ha puesto al descubierto ha sido la bula Decet Romanum Pontificem, en la que se condenan 41 de las 95 tesis expuestas por Lutero en la catedral de Witemberg, por las que el papa León X lo excomulgó. En el mismo orden de cosas, dentro de los Registros de Súplicas estaba uno de los documentos claves del cisma de la Iglesia anglicana: la petición de los lores de Inglaterra a Clemente VIII (1529) para la anulación del matrimonio entre Enrique VIII y Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos y tía del emperador Carlos V. El arte también ha tenido su espacio entre los documentos del Archivo Secreto. Por ejemplo, la carta de Miguel Ángel (1550) al obispo de Cesena, su amigo y protector, cuando, debido al cambio de papa en el Vaticano, él y su equipo se pasaron tres meses sin cobrar por los trabajos en la cúpula de San Pedro. El maestro informa a su mecenas que los obreros han dicho “que no pueden seguir así y que tendrán que abandonar las obras con la consiguiente pérdida del dinero” y que por lo tanto “es necesario evitar que se produzca el escándalo”. Por suerte, la situación se resolvió favorablemente para todos, aunque Miguel Ángel no logró ver concluida su obra. Pintor y truhán a partes iguales, Caravaggio también tiene su “minuto de gloria” dentro del Archivo Secreto. El obispo de Caserta informa por carta el 29 de julio de 1610 al cardenal Scipione Borghese sobre la muerte del pintor en Procida (cerca de Nápoles) y no en Porto Ercole (la Toscana), rebatiendo así la información oficial. La carta narra el fin del pintor en extrañas circunstancias y cuenta que se han localizado tres cuadros en la casa de Caravaggio en Chiaia, entre ellos, el San Juan y la Magdalena. De los documentos que se han desclasificado, mención aparte merece uno guardado bajo el epígrafe genérico de Miscelánea de Armarios: las actas del proceso inquisitorial a Galileo Galilei (1610-1619) en las cuales se recoge el juicio que se le siguió debido a sus teorías heliocéntricas, presentes en el Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo. Ya en el apartado de las curiosidades, han salido a la luz una carta del papa Clemente XIII dirigida al séptimo Dalai Lama en la que le pide protección para los misioneros franciscanos en el Tíbet (1760); la Bula Ineffabilis Deus de Pío IX (1854), que proclama el dogma de la Inmaculada Concepción, o la Carta sobre corteza de abedul de los indios de América a León XIII (1887), en la que el jefe de la tribu ojibwe define al papa como “Gran Maestro de la Oración”. De la Segunda guerra Mundial al siglo XXI El límite cronológico de los documentos a consulta era el pontificado de Pío XII y la Segunda Guerra Mundial, por lo que buena parte de los archivos estaban inexplorados. Estos últimos estaban guardados en los Fondos de la Sala “a Soffittoni” creada por el propio Pío XII. Quizá no habían visto la luz antes porque la información custodiada en ellos era sensible para la Iglesia y había mucho material para dar a conocer. Fruto de 14 años de investigación fue que, en marzo de 2020, el papa Francisco diera luz verde a mostrar al mundo los documentos relacionados con el papado de Pío XII. Este, como hemos visto, ha sido uno de los protagonistas más controvertidos de la historia contemporánea de la Iglesia católica: presenció el ascenso de Adolf Hitler al poder y la creación del Tercer Reich. Con la apertura de los archivos, el historiador H. Wolf ha descubierto documentos sobre la destrucción del gueto de Varsovia que Pío XII tuvo en su poder. Hasta el día de hoy no se ha aclarado del todo el papel de Eugenio Pacelli durante el nazismo y el Holocausto; tal vez los nuevos documentos desclasificados sirvan para abrir otras vías de investigación sobre este periodo. El búnker Así es como ha sido coloquialmente conocido el Archivo Secreto Vaticano y se construyó como un edificio subterráneo bajo el subsuelo del Patio de la Piña. Nació como una obra de ingeniería moderna con forma de cubo de hormigón armado, a prueba de bombas atómicas. Sus salas se diseñaron informatizadas y climatizadas para la conservación de los pergaminos y documentos, sin ventanas, iluminadas por fluorescentes blancos y repletas de estanterías; nada que ver con lo descrito por Dan Brown en su novela Ángeles y demonios. Desde su construcción, tres han sido las salas del archivo que se han abierto al público para consulta en la primera planta noble. A partir de su creación, el organigrama lo ha dirigido el cardenal archivero y bibliotecario, máximo responsable del Archivo Secreto Vaticano y de la Biblioteca Apostólica, que ha coordinado y representado a las dos instituciones tanto en el Vaticano como ante otros Estados. Secularmente, la gestión y organización de este entramado se ha llevado a cabo por el prefecto y el viceprefecto, de designación papal. Estos han coordinado un personal formado por archiveros y ayudantes de sala de consultas. El equipo ha sido completado con dos restauradores, cuya función principal ha sido el cuidado de los documentos, físicamente hablando, y un sifilógrafo –experto en sellos–, que siempre ha trabajado en la más austera soledad dentro de un gran laboratorio. También ha salido a primer plano información controvertida de la historia reciente de la Iglesia, como los documentos sobre la muerte del papa Juan Pablo I por un infarto en septiembre de 1978 o las citas textuales de la entrevista entre el papa Juan Pablo II y Ali Agca, autor del atentado contra el pontífice en mayo de 1981. Junto con la apertura de los archivos se ha procedido al cambio de nombre de los mismos, que han dejado de ser “secretos” para pasar a llamarse “apostólicos”. También se ha iniciado la digitalización de los documentos para acceder a ellos a través de internet (www.vatican.va), gracias a un programa denominado In Codice Ratio que ha permitido que sus transcripciones estén disponibles en versión digital. El siglo XX ha sido una etapa crucial de la historia de la Iglesia y del orbe, y la documentación conservada en los archivos arroja nueva luz sobre muchos acontecimientos de esta época. Durante siglos, los Archivos Secretos Vaticanos han sido custodios de una historia milenaria que ahora ha querido abrirse al globo. El papa Francisco I ha demostrado, como ya hizo León XIII, que “la Iglesia no teme a la historia”.

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