Pío XII, una figura controvertida

¿Fue un héroe discreto contra el nazismo o su silencio contribuyó, por omisión, al Holocausto? La polémica sobre el pontífice sigue vigente: la reciente apertura de los archivos vaticanos quizá podría permitir dar respuesta a la incógnita.

Por Javier Granda Revilla

2023-01-01T08:00:00.0000000Z

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Editorial Televisa

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Los Nazis Y El Vaticano

PÍO XII UNA FIGURA CONTROVERTIDA Comienza febrero de 1939 con un ambiente de guerra inminente en toda Europa. El papa Pío XI ha convocado en Roma un encuentro con todos los obispos italianos: quiere comentar con ellos la encíclica que planea publicar para dar su punto de vista sobre el fascismo, el nazismo, el racismo y antisemitismo que están extendiéndose en el continente. Ha sufrido varios problemas cardiacos el año anterior, está acatarrado y pide a su médico algún fármaco que le alivie lo suficiente como para alcanzar a celebrar el encuentro. Es inútil: morirá de forma súbita el día 10, a los 81 años de edad. Tras discretas gestiones de la diplomacia alemana e italiana con el colegio cardenalicio, ocupa el trono de San Pedro el cardenal Eugenio Pacelli con el nombre de Pío XII. Tiene 63 años y una de sus primeras decisiones es guardar en un cajón el texto de la encíclica, que está prácticamente terminada y de la que no tenía noticia, pese a ser estrecho colaborador de Pío XI. Piensa que hacerla pública sólo servirá para aumentar la tensión con los regímenes alemán e italiano. Es el 260º papa de la historia; ha nacido en 1876 en Roma, en una familia noble con raíces en la élite vaticana. Con 24 años se ordena sacerdote y, un par de años después, ingresa en la Secretaría de Estado de la Santa Sede. Tras ir escalando en diversos puestos, es nombrado nuncio de Baviera en 1917, iniciando una estrecha relación con Alemania que proseguirá durante toda su vida. Allí, en Múnich, vive en primera persona la revuelta de la Liga Espartaquista, llegando incluso a temer por su vida y desarrollando un furibundo anticomunismo que mostrará en numerosas ocasiones posteriores. Ese mismo año de 1917 también es nombrado arzobispo y, 12 años después, accede al cardenalato. De inmediato, el 7 de febrero de 1930 ya es secretario de Estado del Vaticano, el segundo puesto en importancia de la Iglesia. Y será responsable absoluto de las relaciones con Alemania, en permanente contacto con los obispos teutones, que le muestran su preocupación por la situación política del país. El 20 de julio de 1933, apenas seis meses después del ascenso de Hitler al poder, firma el Concordato con Alemania. Para el historiador David Kertzer, autor del libro Los papas contra los judíos, Pacelli no contaba con desmasiada simpatía por el nacionalsocialismo, pero le preocupaba que, si Pío XI hacía algo que pudiera molestar a Hitler, se pondrían en peligro los privilegios que la Iglesia tenía en Alemania. Ardiente preocupación Su inquietud cristaliza cuatro años después, cuando Pío XI impulsa la encíclica Mit brennender Sorge sobre la situación de la Iglesia en la Alemania nazi, donde comenzaban a promulgarse leyes antijudías y empezaba a perseguirse a sacerdotes. Ya desde su título, Con ardiente preocupación , en alemán en vez del habitual latín, desglosa durísimas críticas contra las teorías raciales y el culto seudorreligioso que se imponían, señalando que podría desatarse una guerra de exterminio. El contundente documento, que toma de improviso a Hitler, es leído el Domingo de Ramos en todas las iglesias alemanas. Tras una primera reacción, al día siguiente, en el periódico oficial nazi, Goebbels –ministro de Propaganda– insta a guardar silencio en los medios. La Iglesia intenta introducir decenas de miles de copias impresas, pero la Gestapo descubre la maniobra y envia a cientos de personas a campos de concentración. Paradójicamente, año y medio después, en la Noche de los Cristales Rotos, la Iglesia guardará silencio. El 2 de marzo de 1939, como se dijo, Pacelli es elegido papa tras un breve cónclave de un par de días. Sin embargo, la fumata blanca no funciona como debería, expulsando humo de diferentes colores, lo que provoca que el nombre del nuevo papa –Pío XII, en honor a su predecesor– tenga que anunciarse por megafonía. Antes de ser coronado, escribe ante notario una carta de renuncia por si fuera hecho prisionero por los nazis (una obsesión que le persiguió toda la vida, pero de la que no hay constancia documental de que existiera un plan para hacerlo). Teme que le suceda lo que a Pío VII, encarcelado por tropas napoleónicas en 1809 por no sumarse a la alianza contra Inglaterra. Pacelli, haciendo gala de su anticomunismo, maniobró en 1940 para formar una gran coalición contra la URSS, intentando que Gran Bretaña se sumara a una Alema Diferentes publicaciones han destacado algunas de las particulares características en la personalidad de Pío XII. Obsesionado con las moscas, recorría las estancias vaticanas persiguiéndolas con un matamoscas o un pulverizador. También estaba obsesionado con el ahorro y apagaba todas las luces que encontraba a su paso; incluso llegó a utilizar el reverso de un sobre ya escrito para escribir sus últimas voluntades. Además, era aficionado a los buenos vinos y a los deportes, en especial del futbol. Eso pudo comprobarlo el árbitro internacional español Pedro Escartín, que fue designado para supervisar en Turín el juego internacional Italia-inglaterra que conmemoraría los 50 años de la Federación Italiana de Futbol. Los ingleses machacaron por 4-0 a los locales. Escartín, aprovechando el viaje, había solicitado una audiencia papal. Se le advirtió que debía permanecer de rodillas hasta que el pontífice le diera permiso para incorporarse. Pío XII le preguntó quién era y, cuando escuchó que era el árbitro del partido, parece ser que replicó: “Pero, por favor, si usted es el que ha anulado dos goles a Italia...”, a lo que el español respondió que estaban bien anulados. El papa, poco convencido, le tuvo de rodillas durante toda la audiencia. nia sin Hitler. Pensaba que esa sería una de sus grandes contribuciones, pero Churchill nunca le contestó. Nunca usó la palabra “judío” Uno de los aspectos que más llaman la atención a historiadores como Suzanne Brown-fleming (del Museo Memorial del Holocausto de Estados Unidos) es que, durante el transcurso de la contienda, Pío XII jamás llegaría a utilizar las palabras “judío” ni “nazi” en sus discursos y mensajes. Sin embargo, hay evidencia de que al Vaticano llegaban informes sobre exterminios masivos y matanzas que, como en el caso de la ocurrida en Lviv (Ucrania), fueron despachados con argumentos como que los judíos exageraban o que los ortodoxos no eran “un ejemplo de honradez”. Cuando la cantidad de pruebas fue abrumadora, Pío XII arguyó que una condena sólo aumentaría el número de crímenes. En el largo mensaje de Navidad de 1942, que era muy esperado por los aliados, pronunció una única frase refiriéndose a los judíos de forma velada. ¿Por qué no los nombró si no era antisemita o seguidor de Hitler? La pregunta sigue hoy sin respuesta. Uno de los momentos más controvertidos ocurre el 13 de octubre de 1943. Acaba de proclamarse la República Social Italiana, un gobierno títere nazi, y comienzan de inmediato las deportaciones de judíos. Ese día empiezan a redactarse listas y el 16 de octubre 1,259 judíos romanos son detenidos y encerrados en un colegio militar muy cercano al Vaticano, a apenas 800 metros cruzando el Tíber. Tan cerca, que el historiador Saul Friedländer, autor del clásico Pío XII y el Tercer Reich escribirá que estaban “ante las ventanas del papa”. Pese a las protestas vaticanas al embajador alemán, serán enviados en trenes a Auschwitz, donde la inmensa mayoría morirán gaseados un par de días después. Sólo volverán con vida 16 de ellos: 15 hombres y una mujer. Sin embargo, sí mostró su preocupación en julio de 1943 por los bombardeos aliados sobre la Ciudad Eterna, sobre todo el Vaticano, por lo que escribirá directamente a Churchill y Roosevelt para que los cancelaran. Al acabar la Segunda Guerra Mundial, su imagen salió fortalecida, con la impresión de que sus gestiones privadas habían contribuido a salvar decenas de miles de vidas. Esta imagen se mantuvo hasta su muerte, en 1958. Obra rompedora Cinco años después, la obra de teatro El vicario –escrita por el polémico dramaturgo alemán Rolf Hochhuth– destruyó el mito al ser estrenada en Berlín y Londres y, después, en Broadway. Pese a ser criticada por sus inexactitudes históricas (incluso se acusó al autor de estar a sueldo de la KGB para hundir la influencia vaticana), dio comienzo a una polémica que perdura hasta hoy. La Santa Sede reaccionó organizando un equipo de cuatro jesuitas que publicó, entre 1965 y 1981, hasta 11 volúmenes en francés de documentación de tiempos de guerra. Son los llamados Actas y documentos de la Santa Sede relativos a la Segunda Guerra Mundial. Fueron considerados insuficientes por los estudiosos, sobre todo porque no constaban las respuestas de Pío XII y porque no podían ser cotejados con los archivos nazis, que fueron destruidos en su gran mayoría (los documentos que pudieron salvarse fueron enviados a Londres y Washington, con acceso limitado a los estudiosos). El anuncio de la apertura de la causa de canonización de Pío XII, en 1967, reavivó de nuevo la polémica. Un par de años antes, Pablo VI había hecho la primera declaración de la Iglesia contra el antisemitismo. Los gestos posteriores han sido constantes: Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco I han visitado Auschwitz. Aun así, las críticas de las organizaciones judías arreciaron cuando Benedicto XVI lo proclamó venerable a finales de 2009, lo que constituía el primer paso hacia la beatificación, a la espera de un milagro que todavía no se ha producido. Siguiendo la tradición, los archivos de Pío XII debían abrirse en 2028, a los 70 años de su fallecimiento; sin embargo, el papa Francisco I anunció en 2019 que abriría antes los Archivos Secretos Vaticanos, recalcando que “la Iglesia no teme a la historia, la ama y quiere amarla más y mejor, como la ama Dios. Con la misma confianza de mis predecesores, abro y confío a los investigadores este patrimonio documental”. Además, el registro cambiaba de nombre para conocer se a partir de entonces como Archivo Apostólico Vaticano. Los documentos se pondrían a disposición de los investigadores interesados en el tema, aunque sólo podrían consultar tres por la mañana y dos por la tarde, por lo que resulta por demás evidente que se tardarían varios años en revisar los 16 millones de folios, 15,000 sobres y 2,500 fichas disponibles, suponiendo que no se agreguen más. Finalmente, se estableció que la fecha de apertura sería el 2 de marzo de 2020. La pandemia hizo que los archivos se cerraran tres días después, cuando apenas habían empezado a ser desbrozados por los 200 expertos que se habían inscrito para analizarlos. Al día de hoy, la imagen de Pío XII sigue muy polarizada, con voces a favor y en contra. Libros recientes, como el del archivista vaticano Johan Ickx, aseguran “el cuidado de 24 horas al día con el que Pío XII y los 11 colaboradores de su oficina, junto con los nuncios y ayudantes del extranjero, trabajaban para acudir en ayuda de los perseguidos de toda Europa”. Según sus datos, se conservan en el Vaticano 170 fascículos con 4,800 expedientes de las personas que pidieron ayuda al pontífice. “Es una prueba irrefutable de su compromiso para salvar a cada ser humano, sin importar su color o credo”, ha declarado. ¿Se sabrá algún día cuál fue realmente su posición ante el Holocausto? El padre Norbert Hofmann, responsable de las relaciones del Vaticano con los judíos, declaró cuando se desclasificaron los documentos el año pasado que no creía que se fueran a descubrir “pruebas irrefutables”. Para la reflexión final, queda la frase del escritor y activista Elie Wiesel, superviviente de los campos de concentración de Auschwitz y Buchenwald: “La neutralidad ayuda al opresor, no a la víctima”.

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