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Caras (México) - 2021-07-01

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sergio berger

Bon Vivant

Al hablar de diamantes y piezas excepcionales no podemos evitar pensar en Berger, una firma que une legado, tradición, diseño y lujo. Detrás de cada joya hay una historia, diamantes y gemas espectaculares que se cuidan hasta el último detalle y así obtener la mejor calidad para cada uno de sus clientes. Su fascinante modelo de éxito y las suntuosas joyas hacen de esta firma una de las mejores dentro de la industria de joyería en nuestro país. HERITAGE Berger es un negocio familiar con más de cien años de historia, pasando ya por cuatro generaciones, siempre manteniendo sus valores principales: alta calidad y atención al cliente. Sus inicios fueron a principios del siglo XX cuando el señor Alex Elías Berger – quien nació en Polonia en 1895– fundó en Ámsterdam, Holanda, un taller de tallado de diamantes lo que dio vida a una pequeña y nueva industria dentro del rubro. Al terminar la Primera Guerra Mundial se mudó a Bélgica en donde se consolidó como uno de los mejores joyeros en Europa. En 1928 nació su primer hijo, Silvain, y dos años más tarde Maurice. Durante el estallido de la Segunda Guerra Mundial salieron de ese país con el objetivo de llegar a Nueva York, sin embargo, consiguieron visa para Cuba en donde Alex Elías Berger trabajó como profesor de tallado de diamantes y sus hijos culminaron sus estudios. Y en 1943 llegó a la Ciudad de México en donde iniciaron con un pequeño taller, detrás del Zócalo, y comenzó a importar diamantes que vendía a todos los joyeros; más tarde, también hicieron lo mismo con piedras de color convirtiéndose en los mayoristas más importantes y los únicos que lo hacían en aquella época. Silvain y Maurice continuaron el legado con un nuevo esquema de desarrollo en el cual decidieron diseñar sus propias piezas. Más adelante, la siguiente generación tomó el mando con el hijo de Silvain, Sergio, y el hijo de Maurice, Ari, quienes estudiaron Gemología y Diseño de Joyería en Los Ángeles, además de pasar temporadas en India y Tailandia con diversos joyeros para adentrarse y entrenarse en el campo. Con la visión de seguir expandiendo el negocio, Ari y Sergio Berger abrieron en 1994 la emblemática boutique sobre avenida Masaryk. Durante este crecimiento también comenzaron a importar grandes marcas de alta relojería, como Cartier, Chopard, Audemars Piguet, Patek Philippe, entre otras. Gracias a la pasión y gran talento de la familia Berger, hoy se consolida como una empresa líder en el mundo de la joyería y relojería, con cuatro boutiques en la capital del país en donde podemos encontrar una gran selección de gemas y relojes con toda la elegancia que los caracteriza. LAS FACETAS DE UN DIAMANTE Las joyas de la firma se caracterizan por ser de ensueño, con gemas de gran quilataje que hacen de una pieza todo un espectáculo. Sin duda, los diamantes tienen un lugar privilegiado en Berger; igualmente se han consolidado como líderes en el segmento de anillos de compromiso y churumbelas, desde los cortes más clásicos como el redondo, princess, gota, emerald cut y baguette, hasta los más modernos como el oval, asscher (cuadrado), cushion y corazón. Los diseños de joyería van de lo más innovador, tratando con distintos cortes de piedras preciosas y diamantes, hasta los diseños más tradicionales con elementos como las perlas. Cada pieza y pavé de diamantes está cuidada hasta el último detalle, todos los diamantes y gemas son de la más alta calidad, pues siempre buscan tengan las propiedades necesarias para ser una joya perfecta. Las características que hacen de un diamante de Berger algo único es el cumplir con las 4 C’s: claridad, color, quilataje y corte. Sobre este maravilloso mundo nos platican cómo es cada una de estas propiedades y la importancia a la hora de escoger la preciada gema. La claridad es invisible al ojo humano, sin embargo, determina la calidad del diamante. Esta se clasifica con base en las impurezas en una escala que refleja su tamaño, ubicación y visibilidad cuando se examinan con una lupa 10x, los de más alta calidad y los más raros son los flawless, aquellos sin ninguna inclusión. El color es la segunda característica a observar, al ser un elemento de la naturaleza solo podemos encontrar diamantes en cierto rango de tonalidad. El Instituto Gemológico Americano desarrolló una escala de graduación que abarca desde el D, que es totalmente incoloro, hasta el Z que es de color amarillo o marrón. A partir de 1913 es que los diamantes se empezaron a medir en kilates, un kilate equivale a 0.2 gramos, por lo que determina el peso de un ejemplar no su tamaño, puesto que este puede variar dependiendo del corte. Un kilate se divide en 100 puntos, por lo que un diamante de 50 puntos tendrá 0.50 kilates. La parte más importante: el corte y precisión del pulido final de la piedra, ya que esto libera la belleza del diamante y dicta la cantidad de luz que será refractada, por ende, el brillo que tendrá. En esto Berger se destaca, pues cada corte y pulido de sus piezas enaltecen a la piedra creando joyas únicas y, por supuesto, de gran calidad. A la hora de elegir un diamante, no hay nada mejor que acercarte a la asesoría de un experto joyero, Berger cuenta con esta experiencia personalizada y posventa. El legado de Berger, al igual que sus diamantes, es eterno. Una joya que representará, más allá del lujo, emociones y sentimientos.

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