Mis padres

EN LA OPINIÓN DE GENARO LOZANO

Genaro Lozano

2023-09-01T07:00:00.0000000Z

2023-09-01T07:00:00.0000000Z

Editorial Televisa

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Aperitivo_ Arte

TODAS LAS FAMILIAS TIENEN CICATRICES, nos dice la escritora Alma Delia Murillo en La cabeza de mi padre, y coincido. Todas las familias tienen cicatrices, algunas tan profundas que son casi imposibles de cerrar, otras superficiales y que realzan la belleza del alma, porque son signos de adversidades y de un dolor que ya pasó, que ya sanó y que forma parte de una historia vital. Tenía más de 20 años de no viajar con mi padre y mi madre, mientras que mi novio tenía el mismo tiempo de no salir con los suyos. Hace unos meses le propuse invitarlos a pasar una semana con ellos, empezamos a ver opciones y al final decidimos volver a caer en un crucero. Viajar con los progenitores, después de tanto tiempo, es realmente intenso, pero también de las decisiones más gratificantes de la vida. Es duro ver el paso del tiempo en uno mismo y en los demás. Nuestro cabello encanecido, el abdomen flácido, la grasa acumulada de más en algunas partes del cuerpo, el golpe de la resaca después de una fiesta o una cena. El tiempo es inclemente con la vida y es más duro cuando lo ves pasar en tus progenitores. Por supuesto que es un enorme privilegio tener a tu padre y a tu madre vivos, y lo es aún más cuando ya los viste recuperarse de una enfermedad grave como el cáncer. Todos recordamos dolorosamente cómo la pandemia de Covid le ha arrebatado la madre o el padre a millones de personas en el mundo, así que claramente resulta un gozo escribir esto, al mismo tiempo que un gozo inusual. Siempre me quejo de los cruceros, pero creo que ya estoy en un punto en el que se convirtieron en un gusto culposo y en una buena forma de resolver conflictos de logística, y por eso, con la que lees, ya le he dedicado dos columnas a viajar en ellos. Y es que los cruceros tienen la enorme ventaja de que puedes desconectarte, despreocuparte de itinerarios, de comida y de planeación. Todo está ya planeado por ti. Solo hay que decidir básicamente en cuál restaurante comer, cuáles excursiones ya planeadas hay que hacer y cómo limitar el consumo de alcohol. Tomar un crucero con familia es el mejor plan porque cada quien puede prácticamente pasar el día haciendo lo que quiere, juntarse para comer o cenar e ir a las excursiones que uno decida. El crucero por el Rin, que sale de Basilea, Suiza, y llega a Ámsterdam, en los Países Bajos, es un excelente plan familiar. Viking es una empresa fundada por Torstein Hagen, un millonario noruego que fue socio de la consultora McKinsey & Company y que apenas en 1997 fundó su propia compañía de cruceros. Empezó con solo seis embarcaciones y hoy tiene más de 60 en las que ofrece cruceros por los principales ríos de Europa y expediciones a la Antártica. Su empresa compite con otras como AmaWaterways y Emerald Cruises, entre otras. Hoy estos cruceros por ríos europeos están destinados principalmente a adultos mayores de 60 años, aunque es común ver a los abuelos que invitaron a sus nietos adolescentes o a la familia de cuarentones y sus padres en estos ríos. Como en todos los cruceros, mucha gente va en plan de querer convivir y hacer plática, conocer gente, pero en nuestro caso el plan era convivir y sobrevivir a la convivencia entre nosotros, que no es poca cosa. La relación de los padres con los hijos siempre es intensa. La de los nueros con los suegros también. Aumenta cuando el ambiente está más que politizado y las conversaciones en los desayunos, comidas y cenas se vuelven una discusión sobre lo mal o bien que está el país y sobre lo bien o mal que está gobernando el presidente. Por más que quise desconectarme de la política, en mi caso no se pudo y terminé casi todos los días hablando de los puntos y contrapuntos de la política mexicana, pero al mismo tiempo entendí que mis padres y suegros siguen sintiéndose con muchas ganas de contribuir, de analizar, de pensar, y por eso aguanté sus troleos sobre mis opiniones políticas. Es un gozo ver a los padres sanos y lúcidos, pero también es un reflejo de la vida. Durante todo el viaje no pude más que pensar que con el paso de los años, nos volvemos niños de nueva cuenta. Seres dependientes de alguien más. Para cruzar una calle, pedir alimentos o acudir a una farmacia. Mis padres y suegros afortunadamente están muy bien, pero sí hay signos de que necesitan cuidados y apoyos con mucha mayor frecuencia que antes y que están ávidos de atención y cariño de sus hijos. Mis padres ya están entrados en sus 70 y no puedo estar más agradecido con ellos por su ejemplo, por su amor y por su dedicación a sacarme adelante y a mis dos hermanos. A mi papá le gusta contar su historia como una de éxito a través del esfuerzo individual. El priísmo noventero y Ernesto Zedillo hablaban de la “cultura del esfuerzo”, más que la “cultura del privilegio”, y mi padre se identificó con ello. Y, como todo en la vida, tiene algo de razón, pero su éxito profesional de llegar a ser un General de División DEM, el máximo cargo del Ejército Mexicano, también es una historia del apoyo familiar que recibió, de los jefes que fueron sus mentores y de las oportunidades que supo tomar. Mi madre decidió dedicar su vida al hogar, a sus hijos, y aunque nadie le enseñó a ella a ser madre, lo hizo lo mejor que pudo y el resultado es tres adultos independientes con vidas felices y tres nietos que ella ama. Ella se enfrenta diariamente a sus propios fantasmas, tal vez todos lo hacemos, pero a algunos nos cuesta más que a otros. La depresión es durísima y no todo mundo tiene las herramientas para enfrentarla y desarrollar el autocuidado necesario para salir de allí o aprender a vivir con su presencia que a veces lo absorbe todo. Uno no solo carga con los dolores propios, sino también carga con los de los seres queridos. Esto puede ser muy agotador si no se logra tomar distancia. El escritor Ocean Vuong escribió una bellísima novela sobre su propia relación con sus padres, En la Tierra somos fugazmente grandiosos, y ahí exorciza sus propios fantasmas familiares y sus deudas. Llega un momento en la vida en la que uno voltea a ver el camino recorrido y en ese camino, para muchas personas están quienes nos criaron. Viajar con mi madre y mi padre fue sanador, intenso y una experiencia que amorosamente volvería a vivir. Con las risas, enojos, recuerdos, paciencia y especialmente con el amor que le debo y la gratitud que le tengo a quienes me dieron la vida. Ver más de 40 castillos a lo largo del Rin mientras navegábamos en el crucero juntos es –en definitiva– una de las experiencias más bellas de la vida que nos tocó compartir.

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